Opinión

El duro presente del oficialismo ha puesto otra vez sobre el ajedrez de su interna política la candidatura de la vicepresidenta.

El escándalo que ha suscitado la presencia del avión iraní-venezolano en suelo criollo es, en primera instancia, una demostración palpable de la improvisación y de la incompetencia con que se manejan los principales funcionarios del Estado argentino.

Lo que el mundo considera una aberración, en la Argentina hubiese sido un éxito. Un dígito alto de inflación despierta una enorme y natural alarma en Estados Unidos y en el Reino Unido. Sus respectivos bancos centrales comenzaron a corregir la política de tasas de interés luego de una larguísima década de dinero ultrabarato, con cenit durante la expansión de la base monetaria sin precedentes de la pandemia.

En la Argentina hay una serie de temas que son motivo de discusión incesante cuando no deberían serlo. Uno de ellos son los famosos fueros, de los que tanto se habla cuando ciertos personajes de la vida pública quieren estirar a niveles irrisorios su tiempo en el Estado para no responder ante la ley por sus delitos. Pasó con Menem y pasa también con Cristina.

Las palabras disparadas por la señora de Kirchner contra los movimientos sociales esta semana, desde una tribuna facilitada por la CTA, no sólo subrayaron las diferencias que se despliegan en el seno de la coalición oficialista, sino que iluminaron curiosas coincidencias que atraviesan el abismo de la célebre grieta. "Las políticas sociales no pueden seguir tercerizadas -reclamó la vicepresidenta-, no se puede depender de un dirigente barrial que dé el alta y la baja".

“La gente solo llega a ser feliz, cuando comprende que la felicidad NO es el único objetivo de la vida”
- George Orwell

El mismísimo Simón Bolívar, quien, interpretado antojadizamente por un delirante venezolano, inspiró el llamado socialismo del siglo XXI, hace más de 200 años aseguraba que lo mejor que podía hacerse en América Latina era emigrar, porque cualquier intento honesto que quisiera emprenderse allí se asimilaba mucho a arar en el mar. América Latina (aunque él hablaba de “América”) era, para Bolívar, ingobernable porque irremediablemente caería en manos de multitudes desenfrenadas que darían paso a tiranuelos devorados por crímenes y extinguidos por su ferocidad.

En esta Argentina circular y desesperanzada, cada tanto aparecen en las redes sociales usuarios que compiten sobre hartazgos. Unos se manifiestan hartos de la repetición de problemas ancestrales, otros de la política, otros de los cortes de calles. Los más ácidos dicen que están hartos de estar hartos.

Las contradicciones y la permanente incoherencia del actual Presidente de la República Argentina colocó al país en la complicada situación de estar ligado directa o indirectamente a regímenes que ponen en riesgo la paz y la seguridad internacional

“Donde hay una necesidad nace un derecho”, expresa una noción vertical, estatalista, sino paternalista.

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