Opinión

El ingeniero santafesino Agustín Rossi es un hábil político cuyo desempeño como líder parlamentario dejó buenos recuerdos, seguramente conoce mucho sobre temas militares (fue dos veces ministro de Defensa) y nadie discute que le sobran cualidades para el diálogo. Pero de historia argentina no parece saber demasiado.

Arrinconado por una economía cada vez más adversa (este miércoles se anunciará una inflación abrumadora) Alberto Fernández reaccionó en las últimas horas contra los seguidores de Cristina Kirchner que lo venían hostigando.

El país tuvo su período de autenticidad entre 1880 y 1943; volvamos a las fuentes, volvamos a los sueños de esos millones de inmigrantes que llegaron para levantar la Argentina moderna

¿En qué se basan para decir “Cristina Asesina”?
¿Qué datos hay para asegurar “Cristina Asesina”?
¿Por qué salen a pegar carteles que dicen “Cristina Asesina”?

Hay un tema recurrente que viene saliendo en casi todas las conversaciones del Gobierno con empresarios. Es más bien un temor expresado con eufemismos: ¿qué pasa si el gas se vuelve impagable o, peor, escasea en el invierno?

O se hace como yo digo o no se hace nada, parece ser la máxima de la vicepresidenta. Un primer mandatario sitiado por su socia tiembla y duda en cada paso mientras el kirchnerismo es brutal y voraz

La vice está en llamas porque sobreviven en el gabinete figuras que le resultan intolerables, como Guzmán o Kulfas.

Me gusta que el presidente trasandino, Gabriel Boric, diga que en la Patagonia no hay frontera.

Frente a los cachetazos del cristinismo, el presidente Alberto Fernández ha optado por poner la otra mejilla, mientras las críticas cruzadas se extienden hasta el propio gabinete ministerial

De acuerdo al diccionario, desprecio es, no valorar o no tener en cuenta a alguien o a algo. Viene del latín, “des” que indica negación y “pretium”, precio. Hay momentos en la historia en que campea el tiempo del desprecio. La Argentina está viviendo uno de esos insoportables tiempos.

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