Opinión

 

El ciclo de populismos que despilfarran y gobiernos republicanos que ordenan tiene algo de la condena de Sísifo: los populistas dejan caer la enorme piedra para que después otros la vuelvan a subir

 

Habrá que prestarle atención al instante en el que se apruebe en la Cámara de Diputados el acuerdo con el FMI. ¿Qué harán quienes voten por la afirmativa, es decir quienes “triunfen”? ¿Celebrarán alborozados? ¿Se levantarán de sus bancas para besarse y abrazarse? Eso sería algo extraño, por lo menos contradictorio con el actual momento que atraviesa el país, cuando ningún sector político tiene posibilidades de sentirse orgulloso, satisfecho por haber alcanzado metas propias, metas gratificantes.

 

Martín Tetaz hizo cincuenta preguntas muy concretas. No importa que el impertinente burro que preside la comisión de presupuesto y hacienda de la Cámara de Diputados, el comunista Carlos Heller, no haya dejado que todas se conocieran en el momento. Las que se escucharon son suficientes.

 

Una última confesión del Presidente en referencia al FMI puso un manto de dudas sobre la real voluntad del Gobierno para cumplir sus compromisos con el organismo crediticio

 

Turno de la bonhomía patriótica en el país de las opciones tristes

 

En el Índice de Confianza de la Universidad Di Tella, en una escala de 0 a 5, el Gobierno obtuvo 1,49 en febrero. Es 24% menos que la última medición del gobierno de Macri.

 

La política local actúa como si nada tuvieran que ver con la realidad que padecen millones de argentinos.

 

Notaba Ricardo Piglia que el crimen perfecto solía ser la utopía del género policial, pero también su negación: un asesinato tan bien ejecutado que jamás se descubre “es el horizonte al que aspiran los textos (o sus lectores) y sin embargo sabemos que esa expectativa será (fatal y resignadamente) frustrada”.

 

Algunos opositores entienden que ganar elecciones es una cosa y gobernar con solvencia, un país tan complicado como este, es otra que suele requerir talentos muy diferentes.

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