Opinión

 

Es evidente que el Presidente no pretende modificar nada (menos aún quiere bajar el estrepitoso nivel de gasto público) y que el camino que decidirá recorrer será aquel que lo tope con un nuevo enemigo, tal vez el único que quede: el vapuleado sector privado

 

El Congreso se dispone, finalmente, a debatir el acuerdo que el Gobierno argentino alcanzó hasta aquí con el staff técnico del Fondo Monetario Internacional. Este jueves, la Casa Rosada hizo llegar al Palacio Legislativo la Carta de Intención y documentos anexos, de modo de posibilitar que su tratamiento comience el próximo lunes.

 

La posición más tentadora, la que más seduce a un peronista de pelo en pecho, es la neutralidad. La neutralidad entre verdugos y víctimas. Neutralidad o tercera posición. En los años cuarenta daba lo mismo estar con Hitler que con Churchill. 

 

“La esperanza no consiste en la convicción de que algo saldrá bien necesariamente, sino en la certeza de que sea sensato, de cualquier modo, que resulten las cosas finalmente”
- Václav Havel, ex Presidente de la República Checa

 

Alberto Fernández, el presidente que nunca miente, arrancó su discurso ante la asamblea legislativa con una mentira. Se dirá que en verdad (sic) las mentiras fueron incontables, que cuando habló de porcentajes y festejó “una de las reactivaciones industriales más veloces del mundo” lo difícil fue encontrar algo cierto, no una mentira. Pero esta es, quizás, la más interesante, porque fue la única referencia doctrinaria que hubo en toda la pieza. Ni con la propia doctrina el Presidente evita enredarse en tergiversaciones.

 

La presentación de Alberto Fernández ante el Congreso estuvo cargada de chicanas y sinsentidos junto a un sinfín de frases que no le interesan absolutamente a nadie

 

No nos miente Fernández: con el programa anunciado tendremos (parafraseando a Borges) todo el pasado por delante

 

Las reacciones ante la guerra iniciada por Vladimir Putin. Referentes regionales de la izquierda toman distancia de Nicolás Maduro.

 
Salís por Aerolíneas desde Ezeiza. El pasaje sale 206 mil pesos por persona si lo sacás con un año de anticipación, si no, van desde los 372 mil a los 512 mil. En 9 horas estás en Cancún. Pero no te quedás en Cancún, ahí va cualquier medio pelo, vos seguís.

 

Cuando se camina por la cornisa, un paso en falso puede hacernos caer al vacío. Esperemos que este paso no sea el próximo y que en algún momento la política se decida a hacer un país en serio

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