Opinión

Las primeras espadas del gobierno insisten a rajatabla con un par de conceptos básicos de la estrategia para salir del mal momento del primer semestre y empezar a ver el horizonte, más cerca del año que viene que de la segunda mitad de 2016.

 

Vacaciones, en apariencia al menos, la nieve comienza a acumularse en los picos de los cedros. Todos encantados con el espectáculo. Los esquiadores preparando el equipo, la temporada se muestra auspiciosa y genera entusiasmo inmediato.

 

A Cristina y Lázaro Báez no los une el amor sino el espanto. Ella nunca lo quiso. Pero hoy más que nunca uno está atado a la suerte del otro. Lázaro está en la cárcel y quiere salir. Y Cristina está afuera y no quiere entrar.

 

Las diversas y controvertidas especulaciones que se hacen respecto del destino político o penal de la "Señora", confirman una vez más que la Justicia, lejos de ser ciega como la presenta cierta folletería, actúa con los ojos abiertos y distingue muy bien a los débiles y a los poderosos, no escatimando rigores y sanciones para unos, y licencias y contemplaciones para otros.

 

La primera semana de agosto, será relevante en materia de política exterior, con las visitas del Secretario de Estado de los EEUU y del Secretario General de la Naciones Unidas.

 

Desde que tomó las riendas del gobierno, Mauricio Macri ha sumado en su haber diferentes ventajas y, como no podría resultar de otra manera, ha cometido errores de distinta índole.

 

La Justicia ha abierto otro paréntesis al incremento de las tarifas de energía. Tres semanas atrás el gobierno de Mauricio Macri sufrió su primer cacerolazo por ese motivo. El jueves 4 se  montaba otro. El domingo 7 las organizaciones piqueteras marcharán entre la iglesia de San Cayetano y la Casa Rosada. Claman por el desempleo, la inflación, la pobreza, las tarifas.

 

Los desconcertados por el fracaso económico de naciones dotadas de recursos naturales abundantes, entre ellas la Argentina y Venezuela, suelen suponer que gobernarlas debería ser relativamente sencillo, ya que las autoridades siempre contarán con dinero suficiente para enfrentar problemas que de otro modo resultarían insuperables.

 

Tal vez sea una exageración decir que Hebe Bonafini logró torcerle el brazo a la Justicia con la misma eficacia que en su momento lo hicieran Aldo Rico y Seineldín, los jefes carapintadas que también suponían que contaban con fueros especiales para alzarse en armas y desafiar al Estado de derecho.

 

La magnitud de los hallazgos de corrupción en funcionarios del anterior gobierno y sus grotescas circunstancias superan todo lo que pueda imaginar la mente más excitada y retorcida.

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