Opinión

 


Flemático y siempre provocativo, el veterano político afirmó: “En política no podés tener enemigos tan extremos como para que te impida alguna vez negociar y llegar a acuerdos con ellos, ni amigos tan cercanos que te imposibilite enfrentarlos o incluso traicionarlos”. Se refería no solo a su dilatada experiencia doméstica, sino también a acontecimientos, históricos y recientes, en la arena internacional. Por ejemplo, antes del Pacto de Olivos, la confrontación retórica entre el menemismo y el radicalismo lucía irreconciliable y sugería un choque de planetas mientras avanzaban las negociaciones entre las partes.

 


Hace ya muchos años (1972) que Humberto Eco publicó “La Nueva Edad Media” en donde avizoraba un mundo desorganizado a partir del debilitamiento de la autoridad estatal que alentaba la privatización del espacio público por parte de corporaciones varias. Algo no muy diferente a lo que diría el famoso informe de la Trilateral firmado por Huntington, Crozier y Watanuki y que popularizó el concepto de ingobernabilidad que hoy usa hasta mi tía Nacha de Quilmes.

 


Pasamos de ser el granero del mundo a prohibir la exportación de carne, de ser la envidia educativa a no tener clases presenciales y ostentar la peor caída del nivel de educación de toda Latinoamérica. Nos hemos transformado en un universo de promesas incumplidas

 


Los problemas generales de los países no difieren demasiado. Con mayores o menores profundidades esos problemas tienen naturalezas similares.

 


A medida que transcurre el tiempo y tanto los índices que miden la situación social y económica del país como los que dan cuenta de la realidad sanitaria, reflejan un agravamiento que parece no tener solución de continuidad, más queda en evidencia un fenómeno sobre el cual tantas veces hemos insistido y que -a falta de mejor denominación- definimos como mansedumbre proverbial de nuestra sociedad.

 


Hay una pregunta que sobrevuela las recurrentes apelaciones a superar la grieta que se escuchan desde algunos segmentos políticos: ¿estamos meramente disputando poder o estamos debatiendo cuál es el mejor modelo de desarrollo económico y social para la recuperación de la Argentina?

 


El presidente norteamericano condenó el ataque realizado por el movimiento islámico y disipó algunas suspicacias sobre un posible regreso a las rispideces de la era Obama con su histórico aliado

 


La grieta que tanta angustia está ocasionando aquí atraviesa el mundo. Mientras que Cristina Kirchner y sus soldados se sienten afines a los regímenes de Venezuela, Cuba, Rusia, China y, en algunos casos, a los teócratas furibundos de Irán y los yihadistas de Hamas que sueñan en voz alta con un segundo holocausto, los líderes de Juntos por el Cambio son defensores ardientes del capitalismo democrático occidental que privilegian las relaciones con Estados Unidos, los países europeos, el Japón e Israel.

 

La encrucijada es la de siempre: reforma o redención, pragmatismo o mesianismo, democracia o autocracia. No son diferentes matices de una misma cosa, sino cosas opuestas, visiones del mundo alternativas.

 

Cómo la oposición macrista hoy hace propio el concepto de persecución judicial que impuso Cristina Kirchner cuando estuvo en el llano.

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