Opinión

 

Eran los mejores tiempos, eran los peores tiempos;

Era el siglo de la locura, era el siglo de la razón;

Era la edad de la fe, era la edad de la incredulidad;

Era la época de la luz, era la época de las tinieblas;

 

 

Pregunta sin respuesta de una imaginación adicta al realismo mágico latinoamericano. Sin pruebas, sólo con gestos y palabras sueltas, se podría armar un complicado rompecabezas que nos incluye a todos los habitantes del país. Nos incluye y nos condiciona de mala manera el futuro.

 

 

"Nunca te pierdas el placer de la venganza".
- Néstor Kirchner

 

 

Si no fuera por el hecho de que abundan temas de mucho mayor trascendencia, la polémica estallada en el seno del oficialismo acerca de la existencia de presos políticos en la Argentina gobernada por el kirchnerismo le hubiera costado a más de un ministro o secretario de estado, la cabeza.

 

El miércoles 12, el ministro Martín Guzmán explicó ante el Congreso las líneas generales de su estrategia para renegociar y volver sustentable la deuda ("asfixiante", adjetivó) que el país mantiene con acreedores privados y con el Fondo Monetario Internacional.

 

Como en el conocido chamamé de Pastor Luna, Cristina Kirchner parece decidida a poner “a todos a bailar”, como dice la letra de la pieza conocida. A bailar a propios (los “Albertos”) y extraños (Macri y sus “siniestros” antecesores de la mafia siciliana).

 

“Kicillof se hizo el duro con los mercados, pero era un vencimiento de morondanga que podía pagar, como finalmente lo hizo. Alberto ensaya un camino diplomático pero los vencimientos que enfrenta en un mes son atómicos y no tiene los dólares para pagarlos”. Así lo resumió un hombre del Presidente.

 

Se ha originado en estos días una fuerte polémica entre el Presidente de la República, su Jefe de Gabinete, otras altas autoridades nacionales, sectores sociales y algunos condenados por la justicia en torno a si hay o no presos políticos en nuestro país.

 

La imposición de un pensamiento unánime por la fuerza no fortalece la democracia, sino que la debilita.

 

Por qué en algunos temas Alberto Fernández se parece más a Mauricio Macri que a Cristina Kirchner.

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