Opinión

Ya pasó el tiempo de la comodidad de los despachos, de utilizar la representación del país en el exterior como una zona de confort.

El eventual deseo del Presidente de pasar al panteón de los próceres históricos algún día, lo lleva a mezclar este sentimiento con expresiones explosivas de su parte, que comienzan a ser rechazadas por una sociedad castigada por años de fracasos sostenidos por discursos políticos altisonantes.

Qué significa el anuncio del secretario del Tesoro Bessent; un alivio al problema de la deuda y, en lo inmediato, a la gran corrida cambiaria; Milei en el mapa del presidente de Estados Unidos. La historia tiene episodios que comparten un formato parecido. Al tenerlo, hechos del pasado ayudan a entender dimensiones y proporciones de importancia del presente. 

El grito de guerra –vamos a vender hasta el último dólar– hace acordar a la trágica altanería del general George Armstrong Custer, a punto de librar y perder la legendaria batalla de Little Bighorn y dispuesto a disparar hasta la última bala antes de rendirse o perecer. La película sobre ese histórico combate que ganaron los sioux y no los soldados del Séptimo Regimiento de Caballería romantizaba un poco al general Custer –al menos lo salvaba de su arrogancia– y se llamaba significativamente “Murieron con las botas puestas”. Se lo recuerda no como un acto heroico, sino como un pecado de temeridad y como una estrategia suicida.

“Todo el mundo tiene derecho a sus propias opiniones, pero no a sus propios hechos”.
- Daniel Patrick Moynihan

Para evitar la soledad en que se está quedando, Milei debió ser lo único que debería y podía haber sido: un "primus inter pares" que fortaleciera a sus aliados (única manera posible de fortalecerse a sí mismo) en vez de debilitarlos como lo intentó con todos.

La semana posterior a las elecciones expuso fallas de conducción, desgaste económico y divisiones internas.

Un doble fantasma recorre la Argentina: la presunción de que el gobierno de Javier Milei esté atravesando un ciclo descendente inmodificable y que, además de representar un nuevo fracaso social compartido, se suma el agravante de no existir una alternativa de reemplazo.

Javier Milei deberá persuadirse de que no resulta políticamente conveniente la batalla que libra contra la universidad, los médicos del Garrahan, los discapacitados y los jubilados.

No es fácil eliminar la corrupción, no es fácil eliminar las tentaciones del poder y su acrecentamiento. Se trata de la naturaleza humana. Pero sí se puede concluir con la impunidad, como, por ejemplo, la que quieren comprar los empresarios imputados en la causa "Cuadernos de Centeno", evitando se juzgados a cambio de entregar dólares. Todo un despropósito.

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