Opinión

Finalmente pasaron los comicios nacionales de renovación legislativa que durante meses hicieron correr litros de saliva y de tinta.

La elección del domingo pasado dejó al país ante una realidad que pocos esperaban. La Libertad Avanza no solo consolidó su posición como fuerza dominante, sino que protagonizó un triunfo que sorprendió a propios y extraños: casi 41% de los votos a nivel nacional y una victoria inédita incluso en la Provincia de Buenos Aires, donde hacía menos de dos meses había perdido por más de 13 puntos. El resultado, más que una expresión de esperanza, fue un grito de hastío y de miedo.

El buen ejercicio de la política, tan zarandeada en estos días, exige convivir con personas de ideas opuestas y aprender a respetarlas. El poder obtenido por quienes ganan elecciones, obliga a ello mucho más.

En los ‘70 había una serie de TV que se llamaba “Los Invasores”. En ella un perturbado David Vincent se proponía demostrar que el planeta estaba ya invadido por alienígenas que habían logrado camuflarse entre nosotros tomando las formas exteriores de los humanos.

La Libertad Avanza arrasó en las urnas y el kirchnerismo perdió dos millones de votos en todo el país.

El Gobierno inicia una nueva etapa tras el triunfo electoral; el peronismo, obligado a un replanteo.

Para el Gobierno el proceso que llega hasta hoy fue un Via Crucis. Se abre un interrogante sobre el gabinete. En los últimos años, todas las campañas electorales han sido malas o muy malas.

“Al destino le agradan las repeticiones, las variantes, las simetrías”.

Jorge Luis Borges

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