Política

El ex diputado asumió con una escenografía presidencial, pero la falta de la “letra chica” de las medidas que prometió para enfrentar la crisis desalentó las expectativas iniciales. 

Su ascenso estelar de Sergio Massa debilita al máximo la figura de Alberto Fernández. La obsesión del nuevo ministro por el 2023 y el papel que juega Máximo Kirchner. 

Diego Luciani hizo el más fuerte y valiente alegato oral contra la corrupción en los casi 39 años de democracia 

Cristina Kirchner, como Sergio Massa, esperaba opacar al fiscal, que expuso como nunca la corrupción del kirchnerismo. 

Dos imágenes resumen el complejo presente de Cristina Kirchner. La del fiscal Diego Luciani enfervorizado acusándola de haber instalado una "extraordinaria matriz de corrupción" desde la Casa Rosada y la de ella con Sergio Massa, haciéndose cargo del último intento de enderezar una economía que naufraga. 

La Vicepresidenta fue acusada por el fiscal Luciani de liderar una matriz extraordinaria de corrupción. Y complica al nuevo ministro, que arma su equipo con Juan Jose Bahillo como ministro de Agricultura 

Mira el viernes frío y diáfano desde la ventana de su despacho en la Casa de Gobierno. Luego, asesta una conclusión fulminante sobre la decisión del Presidente de encaramar a Sergio Massa como superministro de Economía: “El mandato de Alberto Fernández ha terminado”, dice ese viejo amigo presidencial. ¿Por qué? “Massa se llevará la gloria y los votos si tuviera éxito, o se llevará puesto al Gobierno si no lo tuviera”, contesta.

Su designación como superministro reformula el poder en el Gobierno. Cristina no pierde espacio. Alberto se debilita. Y nada asegura que la crisis de fondo haya sido superada. 

Massa metió un coche bomba en la Casa Rosada. Nadie conjetura sobre la magnitud de la explosión. Tampoco hay certeza sobre la suerte final del chofer. Se habla de una lista de víctimas, encabezada por un Presidente destruido que le miente hasta a su perro Dylan (le dice: estamos más fuertes de lo que muchos creen). El collie asiente. Un esclavo, como diría Hemingway, quien prefería a los gatos. Y una Vice que se distrae luego de haber precipitado la crisis con abstrusas presiones hasta que él le dijo: “Bueno, entonces me voy”. Y ella, ante el abismo, contestó: “Vinimos juntos, nos vamos juntos”.

Intimaron a Alberto a normalizar la economía y a terminar con las inquinas internas en la cúpula. 

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