Política

Alberto Fernández tiene que empezar a mostrar algo de gestión y, la verdad, es que hasta ahora no la ha tenido o no la ha mostrado más allá de los auxilios, los créditos, el IFE, que son paliativos mínimos. Han cerrado miles y miles de empresas, miles y miles de pymes. Se termina la cuarentena estricta, pero va a empezar a verse qué hay debajo de todo esto.

Las disputas políticas de la última semana, con chicanas entre el oficialismo y la oposición, reavivaron la grieta, que parecía haber quedado en el pasado.

 

Los costos de la pandemia y las consecuencias no deseadas de la interminable cuarentena empezaron a golpear al Gobierno. Lo que dicen las encuestas y lo que se insinúa en las calles no son construcciones opositoras. El desgaste de Alberto Fernández es un hecho que ya admiten sus colaboradores. Tanto como que es aprovechado por Cristina Kirchner y los sectores más duros de la coalición gobernante.

 

Alberto Fernández dio en las últimas jornadas varias señales de que quiere retomar el centro político de la escena.

 

Alberto Fernández busca retomar la iniciativa tras las protestas del 9 de julio y la reaparición de Mauricio Macri. En Juntos por el Cambio hay una disputa entre duros y moderados

 

El odio es también una enfermedad que no tiene vacuna ni remedio. Una sociedad enferma de odios tiene forzosamente un mal pronóstico. Es imposible evitar las consecuencias sociales, tal vez catastróficas, de esos rencores patológicos. Nadie puede hacer más en contra del odio, o a favor de él, que los que controlan el gobierno del país.

 

No acierta a salir de la cuarentena y la economía cae fuerte. Va por la tercera manifestación espontánea de repudio. Polariza y aumenta la conflictividad al acusar de odio a la oposición

 

Si empieza una concertación política, también ofrecerá otras caras, un cambio.

 

En todo el mundo gana consenso la idea de revisar el capitalismo contemporáneo, en especial cuestiones como los excesos de desregulación, las serias distorsiones en términos de distribución del ingreso y las inequidades en función de género y de minorías étnicas, culturales y hasta religiosas.

 

El Presidente apuesta a fortalecerse en la grieta, donde ya ganaron y perdieron Cristina Kirchner y Mauricio Macri.

 

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