Política

El presidente Alberto Fernández sorprendió el lunes por la noche con la firma de un nuevo DNU, que le otorga al jefe de gabinete Santiago Cafiero reales superpoderes para modificar todas las partidas del Presupuesto, y no algunas como tiene fijado por medio de la ley de Emergencia Financiera. Lo que equivale en buen romance a ignorar en todos los planos al Congreso a la hora de las famosas reasignaciones de fondos de un área a otra.

 

El Presidente cargó directamente contra María Eugenia Vidal, que está en la mira de CFK. Ya había apuntado a agrietar el frente opositor, dejando fuera de sus críticas a los jefes provinciales. Jugadas de riesgo en medio de la cuarentena y del desafío abierto del coronavirus

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El coronavirus fue un avatar político tan inesperado como beneficioso para Alberto Fernández. Hizo subir la aprobación de su gestión a niveles siderales. El miedo a la enfermedad logró lo que ningún consejero político hubiera podido: darle popularidad e independencia política respecto de su mentora, Cristina Kirchner, en cuestión de días y con una sola medida muy simple: el encierro colectivo.

 

El ingreso a la nueva etapa de la cuarentena coloca al Gobierno en una posición extraña. El anuncio de la cuarta fase hizo visibles los síntomas de fatiga que le provoca extenderla. Lo llamativo es que la más importante de esas manifestaciones sea el consenso sobre el éxito de esa medida para enfrentar la pandemia.

 

El coronavirus y el peligro del default no pudieron evitar el desencuentro entre el Gobierno y la oposición. Alberto Fernández, Horacio Rodríguez Larreta, Axel Kicillof y la ficción de un consenso cada vez es más difícil sostener.

 

El unánime fallo de la Suprema Corte de Justicia bonaerense que revocó la decisión del Tribunal de Casación Penal provincial, firmada por el controvertido juez Víctor Violini, que dio lugar a un habeas corpus colectivo y permitió la salida de las cárceles y el beneficio de la prisión domiciliaria de numerosos presos, fue un salvavidas para el presidente Alberto Fernández.

 

El nuevo ministro bonaerense sumó a "Chiche" Duhalde a su equipo para "aggionar" la red de asistencia social de los 90.

 

Las señales que da un Gobierno en los momentos de crisis son determinantes para poder conseguir el apoyo de la población en busca de un objetivo común.

 

Alberto Fernández se preocupó por mostrar en los últimos días que para lograr sus objetivos no está en su naturaleza chocar paredes sin saber si las puede atravesar. En materia sanitaria, en el terreno económico-financiero y en el campo político. Testea y busca quebrar algunos límites, pero no saca el pie del freno. Por lo menos, hasta ahora.

 

El Presidente tiene hacia el futuro otro Mar Rojo para atravesar y mejor para él que sea con 80 por ciento de imagen positiva.

 

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