Política

Las aglomeraciones frente a los bancos no sólo dañaron la cuarentena; dejaron expuestos improvisación y gruesos errores de diagnóstico de un presidente que va atrás de los hechos

 

La Argentina camina desordenadamente hacia el pico de la pandemia. Pero ¿cuál y cuándo será el pico más alto? Nadie lo sabe. Ni siquiera se sabe cuántos infectados hay ahora realmente, aunque se calcula que son entre 3000 y 4000 más de los que se conocen.

 

Con la cuarentena, cambian prioridades e interlocutores. Un neurocientista explica por qué.

 

No sabemos con certeza cómo será el mundo que vendrá luego de esta pandemia , pero podemos dar por seguras al menos dos cosas: por un lado, será bastante diferente del que conocíamos (más complejo, seguramente más cerrado, con aparatos estatales que tendrán mucha más injerencia y, por eso, con amenazas inquietantes a la democracia y a la libertad); por el otro, la Argentina será mucho más pobre y, si no actuamos a tiempo y de forma coordinada, consensuada y pragmática, incluso más desigual.

 

Los elogios polémicos a Moyano y la grieta entre la medicina pública o privada ponen en riesgo su capital político.

 

La tormenta no llegó, pero las medidas para prevenirnos ya nos golpean con una fuerza destructiva y avasallante. El freno y el aislamiento social recetados en la Argentina bajo un cierto consenso global generan sus efectos contraindicados antes de que pueda comprobarse su efectividad para detener al coronavirus.

 

Su riesgo es creérsela, hacer una de más, como esos futbolistas que están para ser lo más directos posibles, pero se engolosinan haciendo firuletes con la pelota.

 

La épica de la guerra que Alberto Fernández le había declarado a la pandemia del coronavirus con la cuarentena obligatoria había concitado un consenso de más del 90% detrás del Presidente hasta el domingo último.

 

La parálisis en la que está entrando la economía como consecuencia del coronavirus no tiene antecedentes. No solo por su profundidad, sino, sobre todo, por su velocidad.

 

Esto recién empieza y suponer que "estamos ganando" sería un gravísimo error

 

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