Política

Si uno toma los medios gráficos de estos últimos días, verá que la política se ha reducido noticiosamente a su mínima expresión, y que la economía compite con el virus por razones obvias: el tendal que deja la paralización de las actividades productivas y la consecuente incertidumbre.

 

Seguramente, Alberto Fernández nunca imaginó que iba a llegar a los 100 días como Presidente con dos abanicos de extrema gravedad que tienen una muy alta probabilidad de expandirse geométricamente: el COVID-19 y la recesión.

 

El término en inglés remite centralmente en la historia al gabinete de emergencia que encabezaba Winston Churchill durante la segunda guerra mundial. La War Room (literal, oficina de guerra), funcionaba en el subsuelo de Downing Street 10, la residencia oficial del primer ministro de Gran Bretaña.

 

Cuando amenaza una crisis sanitaria de dimensiones aún desconocidas, aparecen las consecuencias de una dirigencia política local entusiasmada en perder el tiempo.

 

Con o sin coronavirus el gobierno tiene clara la idea de a quién beneficiar en el manejo de una economía como la actual, de mera subsistencia.

 

Recibe a jefes de todos los bloques. Y apura un encuentro con los gobernadores. Se comparten datos oficiales: intentan unificar discurso y, más aún, evitar especulaciones sobre el cuadro real. Otros gestos, como la amenaza por la suba de precios, no aportan en esa línea

 

En algún sentido, el presidente se puede reinventar en el contexto de esta crisis provocada por la pandemia de coronavirus. Puede salir mucho más afirmado en su status como un “piloto de tormentas”.

 

Los intendentes le atribuyen al gobernador la falta de un programa de crecimiento, en tanto que las críticas a Vidal complican el necesario diálogo con la oposición

 

El presidente Alberto Fernández permanecerá hoy toda la jornada en la quinta de Olivos. Buscará fomentar con el ejemplo el aislamiento social que se les pide a los mayores de 60 años para que no se siga expandiendo el coronavirus.

 

Cuando lo que está en juego es la supervivencia, la economía pasa a un segundo plano. Sucede en las guerras, en las catástrofes naturales, en los atentados terroristas.

 

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