Política

Ni el mundo ni el país ni el Gobierno son lo que eran hace apenas una semana. La pandemia del coronavirus convierte a pujantes y multitudinarias ciudades en urbes sombrías, en guerra contra un enemigo que nadie ve.

 

“No hay peor gestión que la que no se hace”, reza un viejo proverbio. El Gobierno se subió un poco tardíamente, pero en un gesto no menos saludable, a la tarea, que se anticipa como descomunal, de atender la pandemia de coronavirus que alarma al mundo y ha provocado el peor terremoto financiero desde el lunes negro de 1987.

 

El temor que provoca la pandemia permitió a AF recuperar terreno político. CFK, indiferente. “Yo no gobierno”, dice.

 

¿Tiene el Gobierno un diagnóstico adecuado y un plan para revertir la decadencia secular que experimenta la Argentina?

 

La Vicepresidenta y su tropa en el Senado atacaron por varios frentes el flagelo que los preocupa: la agenda judicial.

 

La tradición se mantiene. La crisis es el estado natural de los argentinos y los reflejos están intactos. La planificación y la previsión nunca son el fuerte.

 

La oposición enfrenta dos dilemas inmediatos: el desconcierto que le provocó abandonar el poder y el desafío de relacionarse con el nuevo oficialismo. Ambos retos están superpuestos; conviven con la crisis económica, el cisne negro del coronavirus y los rebrotes de fanatismo kirchnerista.

 

La crisis por la irrupción meteórica del coronavirus en la Argentina, que llegó a 30 casos y 4 pertenecen a una nueva fase, de contagio local, desplazó de la agenda política a la economía y a la renegociación de la deuda.

 

Fernando Henrique Cardoso suele afirmar que "cuando esperamos lo inevitable, aparece lo inesperado".

 

El papa Francisco opina que el dinero es el `estiércol del diablo' y organiza en el Vaticano reuniones con burócratas internacionales y economistas para combatir el neoliberalismo y la globalización. Se trata de una tradicional y conocida posición de un sector de la Iglesia contra los banqueros y la usura.

 

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