Política

De los anuncios que hizo el presidente Alberto Fernández ante la Asamblea Legislativa, los dos más resonantes fueron los proyectos para legalizar el aborto y reformar la Justicia federal.

 

El proyecto de más jueces, que licuará el poder de Comodoro Py, genera debate en el seno de la alianza gobernante.

 

Se esperaban de Alberto Fernández precisiones sobre el programa económico que desarrollará en su mandato, pero, previsiblemente, no hubo ninguna novedad en esa delicada materia. En el mensaje a la Asamblea Legislativa predominaron en su lugar paradojas y expresiones de deseos.

 

A veces, Alberto Fernández se parece a esos malabaristas que juegan con cinco platos en el aire. Hasta se dio el lujo de resolver la contradicción que planteó Max Weber (a quien no nombró) sobre la ética de la convicción y la ética de la responsabilidad.

 

El Presidente se refirió a la pesada herencia recibida, realizó un balance de sus meses de gestión y planteó una agenda ambiciosa. Sin embargo, no dio definiciones precisas sobre un plan concreto de gobierno.

 

La caracterización del macrismo como una “CEOcracia” fue la que priorizó el Presidente en su discurso.

 

Equilibrio es la palabra de la hora. Alberto Fernández la explicitó en su primer discurso de apertura de sesiones ordinarias, pero también atravesó tácitamente todo el abundante contenido desarrollado a lo largo de los 80 minutos. Un propósito, sin dudas, ambicioso.

 

Un proyecto de ley de cinco senadoras del núcleo duro que rodea a Cristina Kirchner que dispone que el periodismo no trate casos de corrupción. O que no haya jueces en condiciones de investigar a los corruptos.

 

La pelea con la oposición y con los jueces saca de los primeros planos los momentos oscuros en la economía; el escándalo del caso Scioli resulta funcional a una estrategia de distracción

 

El discurso del Presidente puede brindar una pauta de quién realmente gobierna en la coalición del Frente de Todos.

 

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