Política

Hasta no hace mucho se tomaban como referencia los primeros 100 días de los gobiernos para anticipar su futuro. La cifra alude a la arrolladora contraofensiva de Napoléon desde su regreso del exilio hasta su derrota definitiva en Waterloo.

 

A partir de la semana próxima, el Presidente buscará cerrar un acuerdo legal con el Fondo Monetario Internacional (FMI) y los bonistas bajo legislación internacional, despenalizar el aborto en la Argentina, impulsar una suba de retenciones en el campo y obtener la designación de Daniel Rafecas como Procurador General de la Nación

 

El sociólogo Gerardo Aboy Carlés suele decir que el consenso democrático de 1983 tenía un elemento central. Construido –por imperio de la necesidad– como una frontera con el terrorismo de Estado: la entronización de los derechos humanos “con potencia casi religiosa” como condición de toda politicidad legítima.

 

Rodríguez Larreta necesita mantener una actitud constructiva hacia el Gobierno, sin perjudicar su propia gestión, y resolver la transferencia de bienes y fondos desde la Nación

 

Llama mucho la atención lo expresado por el secretario general de la Central de Trabajadores de la Argentina (CTA), para quien el método de indexar los salarios genera inercia inflacionaria.

 

"Un reparador". Esa es la definición que más le gusta de sí mismo a Alberto Fernández. "Es que yo no vengo a refundar nada, sino a reparar lo que está dañado y cerrar grietas", suele explicar el Presidente.

 

Superados los dos meses del gobierno de Alberto Fernández hay algunas certezas que se pueden anotar bien arriba en un pizarrón que contenga el cuadro de situación de la coyuntura económica.

 

Un proyecto de ley de cinco senadoras del núcleo duro que rodea a Cristina Kirchner que dispone que el periodismo no trate casos de corrupción. O que no haya jueces en condiciones de investigar a los corruptos.

 

La línea que une a Georgieva con el Papa y el ministro Guzmán. Y el conflicto que crece por la ofensiva K en Jujuy.

 

Al menos por ahora, el FMI ha dejado de ser una mala palabra en el diccionario peronista y algunos dirigentes cercanos a Alberto Fernández ya hablan de la "compañera" Kristalina Georgieva.

 

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