Opinión

Las cuentas están a la orden del día y no se trata de nada en lo cual tengan arte y parte los contadores o los economistas. Quienes se desviven haciendo cálculos son los equipos de campaña de los dos candidatos que disputarán el ballotage el domingo l9 de noviembre. Y también, por razones que no requieren explicación, Javier Milei y Sergio Massa.

El orden global surgido al fin de la Guerra Fría parece estar en entredicho. A la pandemia del COVID 19 le siguió la invasión rusa a Ucrania para concluir en los trágicos acontecimientos del primer sábado de octubre, con el ataque terrorista que sufrió Israel por parte de Hamas

El 19 de noviembre próximo se pone en juego el título de estas breves reflexiones, y según sea la decisión que la sociedad adopte al respecto, podríamos asistir al triunfo de Sergio Massa sobre Javier Milei. Es decir, la confirmación de que sufrimos el síndrome de Estocolmo y nos simpatizan como siempre nuestros carceleros.

-Voy a entregar el poder cuando termine mi mandato…
-No voy a nacionalizar los medios de comunicación…
-Cuba es una dictadura…
-Voy a convocar al capital privado para que invierta en Venezuela…
-Yo no soy el diablo…

- Hugo Chávez, antes de las elecciones de 1998

Cuarenta años después del triunfo de Raúl Alfonsín la democracia con la cual se educa se come y se cura muestra una performance decepcionante. Pobreza en niveles inéditos, economía al borde una vez más de la hiperinflación y el gobierno de turno dando muestras grotescas de ineptitud. Falta de combustibles, de insumos médicos, de alimentos en los supermercados, entre otras penurias tan innecesarias como injustificables

Sobre el cierre de la campaña electoral que signaba el retorno a la vida democrática, un hecho en la escena internacional concitó la atención cuando, en aquella última semana de octubre de 1983, los Estados Unidos invadieron la isla caribeña de Granada.

En un mar de incógnitas y de dilemas de hierro, bajo la sombra de una bandada histérica de cisnes negros y en un país descompuesto y desconocido que baila al son de ciclotimias y batacazos, propongo una modesta ucronía. Supongamos por un momento que la rabiosa rebelión contra el catastrófico modelo peronista que fundió a la Argentina en lugar de surgir con un sesgo de derecha hubiera tenido una orientación de izquierda.

Pasaron las elecciones generales con sorpresas. Unión por la Patria (UxP) sacó el 36,6 % de los votos y La Libertad Avanza (LLA) sacó casi el 30 % y entró al balotaje. Juntos por el Cambio (JxC) quedó fuera de carrera. Se equivocaron las encuestas, una vez más.

“En política los crímenes se perdonan, los errores nunca”.

La coalición opositora sigue siendo la única esperanza de una Argentina republicana y de progreso. Y además deberá ejercer un férreo rol de control de los desvíos constitucionales en que puedan incurrir el próximo gobierno

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