Opinión

Los primeros sábados de Néstor Kirchner en Olivos eran una invariable escaramuza futbolera de seis contra seis, donde él mismo ejercía de esforzado jugador imposible de marcar –nadie se atrevía–, de árbitro inapelable por razones obvias y, durante el posterior vermut a la sombra, también de jocoso verdugo de alguno de los funcionarios que lo acompañaban.

Por fin el domingo 22/10/2023, se votará. Las elecciones presidenciales siempre despiertan inquietud, esperanza y temor. Los argentinos han recorrido un larguísimo camino de frustraciones, decadencia, pobreza, desesperación y mentiras.

“Cuando el fanatismo ha gangrenado el cerebro, la enfermedad es incurable”.  
- François-Marie Arouet (Voltaire)

Que la figura de Raúl Alfonsín nos inspire hoy dentro del cuarto oscuro para ratificar nuestro compromiso con el sistema recuperado en 1983

Entre tanto desacierto e incertidumbre, sigue vigente ese genio de la democracia que garantiza a toda la ciudadanía, sin mayores distinciones, el derecho de elegir a sus gobernantes.

Hay tonterías de bulto que han echado a correr ciertos politólogos y han comprado, sin beneficio de inventario, unos cuantos periodistas, convirtiéndolas en dogmas de fe, o poco menos. La que ha cobrado proporciones de vértigo es esa, según la cual, Javier Milei -dado que, aunque ganase en primera vuelta, apenas sumaría unos cuarenta diputados y no más de nueve senadores- enfrentaría a poco de sentarse en el sillón de Rivadavia una crisis de gobernabilidad.

¿Milei es peor que Bullrich? ¿Y qué Massa? ¿Javier es preferible a Sergio? Como dijimos hace mucho tiempo, esta instancia iba a terminar siendo la elección del menos malo, como ocurre muy frecuentemente en la política contemporánea a nivel mundial. Biden mejor que Trump. Macron mejor que Le Pen. Lula mejor que Bolsonaro. Boric mejor que Kast. Algo así como el club de los votantes con la nariz tapada. Entonces, si el negocio es ser el menos malo, lo importante es a) no cometer errores, y b) si se puede, cometer alguna audacia.

Antes aún de que se conozca el escrutinio del domingo, el proceso electoral en marcha ya ofrece algunos resultados notables. Por ejemplo: se ha disuelto la polarización que marcó la última época, se han eclipsado sus liderazgos (la influencia de Mauricio Macri y Cristina Kirchner sobre sus respectivas coaliciones ha decaído significativamente, una tendencia que no tiene miras de revertirse).

Ya no hay excusas. Las PASO pudieron ser tomadas por muchos como una gran encuesta que les permitiera volcar su bronca y su malhumor. Pero estas elecciones no serán testimoniales

Las numerosas crisis sufridas durante más de 60 años –especialmente en los últimos 20-, nos han obligado a atar y desatar nuestros lazos con la realidad con mayor rapidez, alterando gravemente nuestro ritmo de vida.

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