Opinión

Si lo hubiesen querido hacer peor, no lo hubieran logrado. Cuanto comenzó con una fórmula presidencial nonata -que rozaba el ridículo- terminó con otra que, aun cuando tenga más consistencia que la primera, de todas formas no mueve demasiado el amperímetro. El hermetismo en el que se había encerrado Cristina Fernández y la tardanza prolongada -más de la cuenta- para anunciar cómo estaría formada la dupla presidencial hablaban a las claras de una crisis de conducción que aqueja al oficialismo desde largo hace.

Es más que posible que, siendo un pragmático nato, se esfuerce por emular a Carlos Menem que, durante una década, hizo del peronismo un movimiento de centroderecha, más “neoliberal” que el radicalismo y otras corrientes.

Vice: los estrategas de campaña suelen invertir mucho tiempo y recursos en la selección del compañero de binomio ideal, pero la realidad es compleja y las sugerencias de laboratorio suelen ser desplazadas por la política

En las últimas horas se ha promovido con aviesas intenciones electorales una acción judicial para impedir que el ciudadano Jorge Macri puede participar en las PASO porteñas como candidato a jefe de gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Se fundamente la presentación en el supuesto incumplimiento por parte de Macri de uno de los requisitos para aspirar al cargo, plasmado en el artículo 97 de la Constitución local, referido a la residencia del candidato en la Ciudad Autónoma.

El país parece estar viviendo en una sala de baile, donde resuena la misma música cacofónica que viene repitiendo sus compases desde hace más de setenta años.

Parte de la estafa moral que el kirchnerismo ha significado para millones de argentinos (en cuyo reservorio este rejunte de delincuentes ha encontrado, paradójicamente, su caudal de respaldo electoral) fue explicada muy bien ayer por Hernán Lacunza, el referente económico de Horacio Rodríguez Larreta y último ministro de economía de Mauricio Macri en 2019.

Es la oferta más amplia desde que existen las primarias, el doble que en 2019.

“Me junté con Sergio. Ni con una 45 lo iba a hablar a Daniel. No lo iba a obligar. Y le dije a Sergio que si había PASO íbamos a ir con candidato propio, que era Wado de Pedro”, así, demostrando más conveniencia que convicciones, Cristina Kirchner habló en el primer acto público con el candidato Sergio Massa a su lado, que no debe haberse sentido muy reconfortado al escucharla.

En el siglo XIX la Argentina sentía una enorme necesidad de realizarse como un gran país. Empezó derrotando a los ingleses dos veces en las ciudades de Buenos Aires y Montevideo, continuó con los españoles y logró levantar el bloqueo anglo-francés en los años 40.

El epigráfico y electrizante Andrés Malamud, no sin razones técnicas e históricas, cuestiona el término “feudal” para describir estas rancias formas hegemónicas que se apoderaron de varias provincias y distritos, y que los condujeron al atraso, a la servidumbre y al crimen. La mismísima aclaración del politólogo evidencia cuánto se ha popularizado en la Argentina ese término para bautizar el modelo imperante, y el Diccionario de la Lengua Española parece habilitar en parte su uso, puesto que en su segunda acepción anota: “Sujeto a una estructura abusiva y fuertemente jerarquizada”.

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