Opinión

Contra el orden establecido: llama la atención que a pesar de la acumulación de fracasos tanto en términos económicos y sociales como político-institucionales el país haya sido hasta ahora inmune a estos fenómenos

Este es el quinto slogan que utiliza la gestión del presidente Alberto Fernández. No parece ninguna genialidad, pero ese no es el punto: un slogan sirve en tanto y en cuanto le sirve a un emisor para transmitir el concepto estratégico. Los más trillados pueden ser geniales en cierta coyuntura.

Vemos con asombro cómo los funcionarios del actual gobierno se pavonean por los medios de comunicación divulgando ciertas “verdades eternas” que pasan por el baremo de sus propias inquietudes personales, explicando cómo resolverán los problemas de una crisis que han provocado ellos mismos con sus desaciertos y se les ha salido finalmente de control, como ocurre con las cadenas de algunas bicicletas mal armadas.

No solamente los ojos guardan secretos, como en la película de Ricardo Darín. Muchas veces las palabras también los encierran.

Si John Kennedy y el Che Guevara, que dejaron este mundo hace casi seis décadas, cuando tenían 46 y 39 años, se levantaran hoy de sus tumbas y vieran que América latina y Estados Unidos siguen discutiendo “el problema cubano”, seguramente celebrarían una coincidencia. Lo menos que pensarían es que al morir ellos el reloj de la historia se detuvo.

Un repaso por la historia de la Cumbre de las Américas para analizar el presente, a pocos días del encuentro en el oeste estadounidense

Cristina inauguró una nueva modalidad: aislar a Alberto para que se quede solo con la responsabilidad de lo mal que anda su gobierno. Cuando todo se caiga contraatacará. Por eso se fue Feletti y se iría Bernal tras el anuncio del tarifazo. ¿Sería como desangrarlo de a poco? Relativamente, porque es difícil que se vayan Wado, Raverta o Volnovich. Las grandes cajas seguirán al servicio del proyecto.

Para aclarar la nueva configuración política solo falta que oficialmente se parta lo que ya está partido.

Todo preso kirchnerista es “víctima” de una conspiración internacional del lawfare

En un viejo libro brillante que por lo visto jamás se publicará en la Argentina –Donde todo ha sucedido– Javier Marías nos recuerda el enorme carácter formativo que el cine clásico norteamericano tuvo sobre nuestras vidas y, en particular, un horror que producía insomnio en nuestra infancia.

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