Opinión

“Firmo cada palabra que usted dijo”, le dijo el presidente Alberto Fernández al cardenal Mario Poli, luego de escuchar una tibia homilía que no se centró en la responsabilidad oficial en el aumento de la inflación, el índice de pobreza o la marginalidad. Aunque eso hubiese sido esperable, la preocupación estaba puesta en si durante el Tedeum del 25 de Mayo el cardenal hacía referencia a su vergonzoso acuerdo monetario con la justicia para salir airoso del Olivosgate. No sucedió y Fernández se sintió victorioso, no es para menos, acaba de violar uno de los principios vitales de una república democrática como es la igualdad ante la ley y en su primera exposición pública de “riesgo” sale airoso.

El lunes pasado, dieciséis gobernadores provinciales del peronismo anunciaron en el Consejo Federal de Inversiones que avanzarán sobre una serie de proyectos de reforma de la Corte Suprema de Justicia, inspirados en recomendaciones del juez garantista Eugenio Zaffaroni, quien –como es sabido– fue uno de los grandes ideólogos de la doctrina de seguridad del kirchnerismo, la que entiende al fenómeno como una “sensación” y que privilegia a los delincuentes por sobre las víctimas.

Antes y durante el 25 de mayo, Alberto Fernández recibió buenas noticias. Algunas de ellas cargadas de exigencias. El viernes 20 fue agasajado por el gremio de la construcción, en un acto que reunió unas 20.000 personas.

La muerte natural es la muerte independiente de toda voluntad humana, decía Nietzsche, “es la muerte irracional en donde la sustancia endeble de la corteza está determinada por la duración del núcleo”.

La Semana de Mayo ocupa un lugar esencial en la historia de la Argentina. Los acontecimientos ocurridos entre el 18 y el 25 de mayo de 1810 son clave para entender el nacimiento de la “Patria Americana”.

Las noticias y los comentarios van detrás de la renuncia de un funcionario oscuro, inútil, inservible, ignorante de la materia que se supone conoce que, obviamente, fracasó en su gestión.

El título no es solo un juego de palabras, implica una definición per se de los actores que componen nuestro país: sociedad, políticos, gobierno y jueces.

Para poder triunfar electoralmente, la coalición opositora cae en la tentación de hacer promesas facilistas que no estarán en condiciones de cumplir.

La agrupación mayoritaria de la coalición gobernante sufre las consecuencias de la disputa en la cúpula del poder: no tiene un líder que ordene y no cuenta con candidatos competitivos.

Impensadamente, al menos por la velocidad con la que se desencadenan los acontecimientos en el Frente de Todos, un nuevo escenario parece imponerse sobre los otros ya conocidos. Tiene que ver nada menos que con las chances reales o ficticias que tendría a estas alturas Alberto Fernández de ser reelegido el año que viene.

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