Opinión

 

La primera ola de la pandemia en el país presentó el peor desenlace posible; récord de muertes y caída de diez puntos del PBI. Dos acotaciones de este penoso resultado: La primera es que, en general, el sistema hospitalario no colapsó, pero ni la cuarentena eterna ni las medidas restrictivas sociales sirvieron para bajar a cero el nivel de contagios. Ellos se amesetaron con su consecuente número de muertes, lo que llevó a tener las mismas víctimas que los países que nunca enclaustraron a la población.

 

 

Una de las características más comprobable en las sociedades que pierden sus esperanzas de mejorar es la verificación de que se está en manos de burros y obtusos; de tercos y ciegos que siguen empecinados el camino que produjo el fracaso.

 

 

No hay un día en que no se sepa de un argentino que emigra, expulsado por el cerril nacionalismo populista

 

 

Pedro Castillo, un maestro de escuela rural que es hijo de padres analfabetos, fue el domingo a votar a caballo. Votó en su pueblo, a unos mil kilómetros de Lima, pero cuando llegó al lugar el animal se le encabritó. Demasiada gente alrededor, mucho griterío. Y eso que faltaban algunas horas para que se confirmase que el jinete estaba teniendo un buen día. Había ganado las elecciones presidenciales en primera vuelta.

 

Argentina tiene actualmente un producto bruto per capita similar al de 1970. Este panorama solo evidencia el fracaso de la clase dirigente durante los últimos 50 años

 

 

La región se tensiona con elecciones que, sobre todo, expresan la gravedad de la crisis desatada por la pandemia.

 

Un error nefasto, muy habitual en nuestros dirigentes políticos, consiste en tratar de ocultar que no tienen la menor idea de la índole de algunos temas que abordan con pompa y circunstancia.

 

 

El presidente de la Nación dictó un nuevo decreto de necesidad y urgencia (DNU) que, con la justificación de enfrentar a la segunda ola de la pandemia de coronavirus, establece una serie de restricciones a los derechos de circulación y de reunión, entre otros.

 

Insensibles a los hechos de la historia, hostiles a toda verificación con la experiencia, alumbrados por una aureola de evidencia indemostrable muy parecida a la de la cuarentena eterna, tres viejos mitos resurgen con fuerza en el horizonte republicano: no se puede ganar sin una pata peronista, no se puede cambiar el país sin el apoyo del peronismo y es mejor no hablar mal del peronismo para que los peronistas voten por quienes no lo son.

 

Las graves violaciones a los derechos humanos en Formosa desde el comienzo de la pandemia dejaron en evidencia la ausencia de mecanismos institucionales que tutelen adecuadamente los derechos consagrados en nuestra Constitución.

Top