Opinión

 

En la Argentina siempre señalamos hechos de los que decimos que “hay un antes y un después” de ellos. El problema es que a las pocas horas sucede otro hecho del que también decimos que “hay un antes y un después”. Tal el ciclotrón de la política criolla, que acelera las partículas de tal manera que las dinámicas y trayectorias nunca se cumplen. Así todo queda igual, pero para peor.

 

 

Desde hace más de setenta años existe en la Argentina el mecanismo del “traslado” de los jueces. Se trata de jueces designados de acuerdo a las pautas constitucionales que, por alguna razón, desean ser trasladados a otro tribunal que se encuentra vacante, sin necesidad de efectuar los trámites de un nuevo nombramiento. Siempre se entendió que esos traslados eran definitivos y los magistrados gozaban de estabilidad en sus cargos.

 

 

Siempre que me asomo a uno de los millares de relatos que se han escrito sobre los crímenes cometidos en nombre de la revolución, me embarga un persistente sentimiento de intranquilidad.

 

 

Hace aproximadamente un mes que los argentinos estamos esperando un fallo de la Corte sobre la cuestión de los traslados de tres jueces, Leopoldo Bruglia, Pablo Bertuzzi y Germán Castelli.

 

 

 

Ortega y Gasset sostenía en su tiempo que pertenecemos a un mundo y una época, en la medida que somos capaces de prepararnos para la batalla “en uno u otro lado de la trinchera abierta por ella”.

 

 

Durante el fin de semana explotó en las redes un vídeo que muestra al terrorista Grabois en una reunión autotitulada “cumbre de los pueblos” sacándose la careta completamente y advirtiendo a su auditorio: “está claro que hacemos quilombo por plata… O sea: esto es por plata. Aquí no estamos haciendo la revolución. Hacemos quilombo para sacarle plata al Estado para mantener a los compañeros nuestros”.

 

 

La toma de la estancia de la familia Etchevehere y los ideales más módicos de Juan Grabois, en comparación a los de los jóvenes revolucionarios de los 70. La cuestión de la propiedad privada.

 

 

La soja como culpable, el revoleo de hectáreas como solución y otras tilinguerías urbanas al tuntún. La tierra no produce: producen los humanos que saben, invierten y trabajan.

 

 

Es necesario que quienes tienen responsabilidades ejecutivas convoquen a todos los sectores para la conformación de una mesa de diálogo que explore las coincidencias a partir de las cuales se puedan encontrar las solucionen que el difícil momento exige

 

 

 

Más que una calificación de izquierda, el kirchnerismo debería ser concebido como una variante interna del peronismo.

 

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