Opinión

 

A una Argentina fuertemente convulsionada por una “cuareterna” que suma muertos y una crisis económica feroz, se le vienen sumando las ilegales usurpaciones de tierras, mal llamada “tomas”, cuestión de dulcificar, a través del uso incorrecto del lenguaje, la realidad.

 

 

 

“Por todas las ofensas que me has hecho,
a cambio del dolor que me quedó”.
  
- Antonio Aguilar

 

 

Se sabe que Argentina no venera héroes. Adora mártires y cadáveres. Una tradición que viene desde Mariano Moreno, o desde el drama del corazón masón de San Martín que el Libertador pidiera que reposara en el país y que la Catedral se negara a albergar, para finalmente permitirle yacer como una concesión en la medianera lindera, hasta el cuerpo calcinado de un Gardel que peregrinó por el mundo para llegar luego de meses al país recién cuando convenía a la política de turno al mismo tiempo que cantaba desfigurado y enmascarado en los bares de Colombia y Venezuela. 

 

 

A 10 años de su desaparición física, la Argentina sigue condicionada por las decisiones y desequilibrios adoptados o incubados durante el gobierno de Néstor Kirchner, aunque no fueran aún visibles al dejar la Presidencia.

 

 

Vivimos una época de realidades duras y símbolos fuertes. Símbolos que expresan realidades. Símbolos que refuerzan y hasta recrean realidades.

 

 

"La Argentina es ese extraño lugar en donde mueren todas las teorías", postuló Cristina Kirchner unas horas antes del décimo aniversario de la muerte de su esposo, en una extensa carta que publicó en su blog personal y con la que, en más de un sentido, confirmó esa hipótesis.

 

 

Hace 37 años, las elecciones generales cerraban una etapa negra y única en la Argentina, signada por violencia, torturas, asesinatos y desapariciones. El recuerdo de un protagonista

 

 

Tratemos de contestar la pregunta del millón de dólares. La que se hacen buena parte de los argentinos en medio del tembladeral que pisamos desde hace meses. La misma que está al tope de las preocupaciones de los políticos, las tertulias sociales, los operadores de la City, y los analistas más consultados por los medios de difusión.

 

 

Los argentinos estamos viviendo un tiempo de zozobra, de angustia, de hondo pesimismo. Son cada vez más los compatriotas que no vislumbran ningún horizonte en nuestro país y barajan la perspectiva de labrar su destino en otros. Las personas de cierta edad, afincadas pese a todo por sus vínculos familiares, laborales y sociales, lo piensan menos, pero entre los jóvenes crece a pasos agigantados la idea de dejar el país.

 

 

 

Si la propiedad privada de los medios de producción es el rasgo económico distintivo del capitalismo, bien podría postularse que el mayor o menor desarrollo de las clases medias merece ser considerado su expresión social más visible y, por qué no, más deseable, por lo que no es arbitrario suponer que un capitalismo "exitoso", un capitalismo que funcione o un capitalismo sustentable se expresa en un escenario de amplias clases medias.

 

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