Opinión

 

“En los regímenes totalitarios, la cárcel es la trinchera de los hombres libres”.

 Jorge Mones Ruiz                                                                                                         

Al finalizar la II° Guerra Mundial que costó la destrucción de Europa y parte de Rusia y la muerte de 85 millones de personas, se juzgó en Nuremberg a 22 jerarcas nazis; luego, en otros procesos, a 177 más; es decir que, por esos hechos, sólo fueron juzgados 199 dirigentes alemanes y, en 1995, 50 años después, ya ninguno estaba en la cárcel.

En el acuerdo comercial que se anunció ayer jueves, el libertario hizo varias concesiones; queda claro que EE.UU. no saldrá perdiendo.

En estos tiempos donde infringir la ley se celebra como viveza criolla, aparece un libro que, bajo la excusa de radiografiar un fenómeno social, termina exaltando sin pudor la liturgia del atajo. “La Salada: El imperio de barro que viste a la Argentina”, del periodista boliviano Marco Blacutt, irrumpe con ímpetu y oficio narrativo, pero con una mirada que se inclina a la épica allí donde lo único épico es la obstinación de un país por justificar su propia anomia.

El inicio del juicio por los Cuadernos de las Coimas vuelve a poner frente a los argentinos una de las heridas más profundas de nuestra vida institucional: la corrupción sistémica y la impunidad que la ampara.

Así como ayer fue un disparate -en el fondo y en las formas- la actuación de Kirchner en Mar del Plata hace veinte años asociándonos a personajes como Hugo Chávez, hoy no debemos hacer seguidismo de cuanta ocurrencia tenga el presidente de los Estados Unidos.

La convertibilidad de los años noventa duró una década. La mileísta tiene una velocidad de deterioro es mayor y el margen político es mucho menor. Javier Milei estará en 2026 como Carlos Menem en 1998, y no en 1992.

El juicio se está realizando con jornadas de cuatro horas, una vez por semana, y la Cámara de Casación quiere acelerarlo; el escándalo en el Sindicato de Camioneros por la obra social.

La euforia que embarga hoy al oficialismo es contagiante. Los alcances de su espectacular triunfo en el último domingo de octubre ha llegado a todos los rincones políticos del país de los argentinos.

La Justicia -ese poder que tantas insatisfacciones le ha dado a la Argentina y en cuyos estrados se pueden buscar las explicaciones a por qué terminaron pasando cosas en el país que podrían haberse evitado si esa Justicia hubiera actuado como tendría que haber actuado- produjo dos hechos trascendentes.

La excepcionalidad argentina

El presidente de la Nación sostuvo la semana pasada en los Estados Unidos que su plan de gobierno tiene “consenso social, pero no político”. No podía con menos palabras haber dado una mejor explicación del golpe sufrido el 26 de octubre por la dirigencia política en las urnas. 

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