Opinión

Si bien durante las presidencias de Carlos Menem, los acercamientos con Estados Unidos fueron tan significativos como lo son ahora con Javier Milei, las relaciones fueron de Estado a Estado, más allá de las simpatías personales o cercanías políticas o ideológicas

Entre guiños a Trump, tensiones internas y un tablero global en disputa, el Presidente prueba los límites. 

Parece, judicialmente, que Trump está peor que Milei. Inclusive, la recepción popular es distinta: Trump se reduce en el apoyo de la sociedad, en cambio Milei se ha disparado como la bolsa.

Fuentes diplomáticas aseguran que hubo un encuentro para discutir temas financieros urgentes.

Fiscales y magistrados parecen moverse mientras el oficialismo conserva poder e incluso sale legitimado de las últimas elecciones. La política argentina estaría asistiendo a un quiebre profundo en la relación histórica entre el Poder Ejecutivo y el Judicial.

La administración libertaria se halla en estado de gracia. Es como si la totalidad de los planetas se hubieran alineado en su favor. A partir del espectacular resultado —de una magnitud que nadie esperaba— en unas elecciones que eran decisivas para la deriva de la gestión encabezada por Javier Milei, no hay cosa que le salga mal.

 

Hace dos años, Javier Milei se imponía en el balotaje frente a Sergio Massa con una cantidad de votos que a la fecha no pudo conservar. Aún así, lo festeja a riesgo de perderse en la "última chance".

La Ley 26.657 de Salud Mental, sancionada en 2010, es cuestionada por dejar a pacientes y sociedad sin resguardo efectivo.

El Gobierno se propone quebrar al peronismo para acelerar una transformación liberal; la fiesta por el pacto con Trump y el miedo a que el caso Spagnuolo resquebraje el nuevo orden del oficialismo.

La pasión de algunos kirchneristas para arrojarnos a la cara con violencia su visión de una realidad que rechazan, proviene de su peculiar observación de los objetos que les rodean según el modo que los afecta. 

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