Opinión

Entre listas tensas, heridos digitales y las lógicas territoriales, la política local no tiene un futuro claro.

Relatos salvajes fue hace diez años una multipremiada película argentina. Contaba seis relatos en los cuales sus personajes “se verán empujados hacia el abismo y hacia el innegable placer de perder el control al cruzar la delgada línea que separa la civilización de la barbarie”.

La manipulación ideológica de la historia genera monstruos, los monstruos utopías, las utopías ideologías, las ideologías fanatismos, los fanatismos tragedias.

En todas las etapas de la Argentina moderna, desde 1980 hasta el presente, hubo crisis externas, pero desde 1975 hemos mostrado ineptitud para afrontarlas y adaptarnos. Las transformaciones en el mundo son impresionantes y veloces. Sin embargo, seguimos atados a viejos paradigmas con miedo a reformar y cambiar.

“¡Mal día mandriles! La pobreza cayó muy fuertemente. La baja de la inflación, el crecimiento del nivel de actividad y las políticas que ha impulsado el Ministerio de Capital Humano han sacado de la pobreza a más de 8 millones de personas. Si se considera el dato punta la baja en la cantidad de pobres es de más de 10 millones de personas. Lo disfrutan los argentinos de bien y lo sufren mandriles econochantas, el club de los devaluadores seriales, los políticos miserables y los periodistas ensobrados/ignorantes (desde esos que se autoperciben como el centro bien pensante -zurdos no asumidos- hasta la izquierda más rancia)” celebró con odio, como ya nos tiene acostumbrados, el presidente Javier Milei en abril pasado, anunciando una baja de 10 millones de pobres que luego, los voceros del gobierno, transformaron en 11 millones, frase que no dejan de repetir para tapar todo tipo de crítica.

Las más de mil páginas De la Democracia en Hispanoamérica cuadran a la perfección en la obra monumentalista de Santiago Muñoz Machado, el director de la Real Academia Española (RAE) que estuvo días atrás en Buenos Aires a fin de presentar su último libro.

El cierre de las listas que competirán en las elecciones legislativas de la provincia de Buenos Aires, el próximo domingo 7 de septiembre, no fue distinta de ninguna de las que hemos conocido en estas playas desde tiempo inmemorial. Nada nuevo bajo el sol, pues. Salieron a relucir, en todos los espacios políticos, los vicios de siempre. Se compraron y vendieron candidaturas a granel y aparecieron los vivos de costumbre que -en eso de cambiar de camiseta a último momento- son mandados a hacer. Por supuesto, la casta cantó presente, tanto en las tiendas kirchneristas como en las libertarias.

Julio de 2025 no será recordado como un buen mes en la lucha anticasta que prometió Milei hace dos años antes de las presidenciales. Eso se debe a la confluencia de dos fenómenos inéditos: la embestida parlamentaria del jueves 10, que desafió con fuerza inesperada la hoja de ruta del Poder Ejecutivo, y el espectáculo, el último fin de semana, del cierre de listas para las primeras elecciones bonaerenses desdobladas de la historia, una tomografía del estado regresivo de la política en su conjunto, incluido el oficialismo que decía venir a sanearla.

El Preámbulo de la Constitución Nacional establece como el primer objetivo “constituir la unión nacional”. Al presidente Milei ese propósito le debe parecer escrito por "la casta".

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