Opinión

“Todo está perdido cuando los malos sirven de ejemplo y los buenos de burla”.
- Demócrito

Por insólito que parezca, Javier Milei se ocupa casi a diario de que sus insultos a periodistas, plagados de vulgaridades con connotaciones sexuales, sean más noticia que sus propias políticas de gobierno. Más que infligirles un daño a quienes son blanco de sus agresiones verbales, el Presidente se daña a sí mismo y les ofrece letra a quienes, desde el kirchnerismo, le endilgan a su gestión rasgos de intolerancia y autoritarismo de los que curiosamente los Kirchner supieron dar cátedra a lo largo de las últimas dos décadas. Son explicables -jamás justificables- algunos de los actos de violencia promovidos desde el kirchnerismo. Es claro que la estrategia de Cristina Kirchner apunta a sembrar una sensación de caos

El índice de confianza en el Gobierno volvió a caer, crece la incertidumbre electoral, ¿y habrá reacción social?

YPF, la empresa fundada en 1922 durante la presidencia de Hipólito Yrigoyen, contó como director con un militar e ingeniero considerado un símbolo de eficiencia, lucidez y patriotismo: Enrique Mosconi. Durante años YPF fue evaluada como una de las empresas petroleras más importantes del mundo y su gravitación llegó a ser tal que para más de un historiador el golpe de Estado del 6 de septiembre de 1930 "tuvo olor a petróleo".

El verdadero ataque al federalismo es el que saquea a los productores agropecuarios con las retenciones, que de esa manera tienen menos recursos para incrementar la producción.

La captura del 51% de las acciones de YPF por parte del Estado fue la vía que eligió Cristina Kirchner para corregir la política de su esposo y antecesor; esta consistió en controlar a la petrolera a través de empresarios de su círculo más íntimo.

En una democracia de espectadores -donde los políticos son los actores principales- cada vez interesan menos las ideas que se exponen, los argumentos que se levantan para defender una determinada posición ideológica o los títulos que la clase partidocrática es capaz de exhibir para justificar su derecho a ser elegida y gobernar.

Para quien escribe una columna diaria, como es mi caso, el primer deseo que uno se propone es no cansar al lector, no aburrirlo con columnas repetidas en donde siempre se diga lo mismo.

Suena irónico, por no decir gracioso, que en sus impiadosas resoluciones la jueza Loretta Preska insista en llamar “la República” a secas al país en el que la palabra república sobrevive herrumbrada y donde el adjetivo republicano pasó a aderezar en forma peyorativa el repertorio de insultos que casi todas las mañanas distribuye entre sus críticos el presidente de la Nación. El kirchnerismo, sujeto tácito del litigio judicial en cuestión, suele ser el menos fascinado con las virtudes republicanas, a las que con encomiable sinceridad en ocasiones dilapida.

“La banderita del superávit fiscal la levanta con la nuestra, así cualquiera”. Un gobernador dialoguista con el Gobierno nacional, bajo estricto off, exhibe la tensión creciente que se desarrolla entre la Nación y las provincias.

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