Opinión

La política navega entre especulaciones y silencios estratégicos. Nadie sabe dónde va a quedar parado.

Hay que reconvocar a todos los espacios de ese espectro, con plena flexibilidad para constituir listas mixtas que expresen la apertura y vocación de participar en un proceso democrático para la elección de los mejores candidatos.

En el gobierno argentino actual parece que instituciones como el Fondo Nacional de las Artes, el Inti, el Inta y el Conicet solo sirven para producir gastos. También parecen un gasto los Museos, como el Histórico Nacional o el de Bellas Artes, que han tenido que cerrar estos fines de semana largo por deberse el pago de la seguridad.

El superávit fiscal y la baja de la inflación chocan con la resistencia de los condenados por el ajuste. El riesgo de usar la motosierra en un año electoral.

La elección bonaerense del primer domingo de septiembre tiene un cierto parecido con el comicio porteño que en mayo determinó la victoria del vocero de Javier Milei y la derrota de la candidata de Mauricio Macri; como en aquel caso, aunque la competencia parece tener alcances exclusivamente locales -concejales y consejeros escolares por municipios y legisladores provinciales (46 diputados y 23 senadores) por sección electoral del distrito- todas las fuerzas le asignan trascendencia nacional.

Estas entidades no solo controlan la matrícula y realizan tareas disciplinarias, sino que contribuyen a ponerle límites a la omnipotencia estatal

Desde Locke para aquí, los padres del liberalismo y la tolerancia se estarán revolviendo en las tumbas.

¿Qué tanta será la vigencia de Cristina Fernández en los meses por venir? ¿Podrá mantener su centralidad o su figura se irá apagando hasta desaparecer en poco tiempo más?

Mientras la sociedad mundial busca protegerse ante una posible guerra planetaria que haría peligrar la democracia, en nuestro país el miedo al pasado ominoso de un peronismo kirchnerista falaz y corrupto, concentra la atención social sobre las bravatas de Cristina Fernández –hoy en prisión por sus fechorías-, y sus interpretaciones “sui generis” de la historia.

Una cuenta atribuida al brillante estratega del Presidente, que no hace mucho modificó su perfil en X para evitar entre otras cosas proclamar a Javier Milei como un “emperador” –ahora simplemente lo homologa con el gran “libertador” sanmartiniano– recomendó por fin un texto de este diario, el primero que “vale la pena” leer de toda “la basura de LA NACION en décadas” (sic). Complacer el exigente gusto del avatar de Santiago Caputo no debería dejarnos indiferentes. El ensayo en cuestión está escrito con talento y prosa persuasiva por Alberto Ades, un abogado y economista que vive en Estados Unidos, que dice ser amigo del León y que recibió felicitaciones por parte de importantes funcionarios nacionales.

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