Opinión
“No se debe subestimar a Caputo”, le atribuyen decir a su anterior jefe en el Estado. Más explícitamente, no se debe subestimar la inagotable capacidad de conseguir deuda del tipo y forma que fuera.
Es falsa, simplista y anacrónica la opción entre izquierdas y derechas que se pretende instalar desde el gobierno. Hoy la opción es entre democracia y autocracia, aquí y en gran parte de Occidente. Optar entre un Bukele y un Maduro es ridículo, son dos versiones de proyectos que ofenden a la dignidad y la libertad de las personas.
Si hubo pelea, la misma terminó antes de que finalizara el primer round. Nunca estuvo Santiago Caputo en condiciones de medirse en un pie de igualdad con Karina Milei por una razón elemental, expuesta en clave boxística: carece del peso suficiente para dar la categoría en la cual se desplaza a sus anchas la hermana del presidente.
¿Es Milei un verdadero liberal que viene a desmantelar el corporativismo, es un cruzado contra el populismo o esconde vicios simétricos a los que dice combatir?
Hay una cantinela -que, incluso, quizás haya sido la primera que apareció cuando a alguna lumbrera del mal se le ocurrió encontrar nombres simpáticos y con fuerte apelativo y atracción social para embaucar incautos- que vuelve a colocarse en la vanguardia de los principales versos con los que los corruptos de siempre intentan correr el “modelo Milei” por el lado de la importancia que tiene el Estado cuando se trata de ciertas cuestiones que ellos definen como estratégicas o de importancia significativa para los argentinos.
En un tiempo donde se exige —con razón— una justicia ágil y empática frente a los casos de abuso intrafamiliar, se ha vuelto indispensable reconocer también un fenómeno tan doloroso como invisibilizado: el de las falsas denuncias.
¡Es la estupidez, estúpidos! ¿Tal vez estupidizados? - Por Guillermo Javier Nogueira
Guillermo Javier Nogueira
Nueva mañana en mi observatorio jardín. Café que empaña mis anteojos pero cuyo sabor y aroma aceitan el fluir de mis ideas. A veces, las veo/pienso como una manada revoltosa que cada tanto converge en alguna pradera fértil, se multiplica y ordena, convive y sobrevive; cambia, pero mantiene su estirpe.
Los días pasan y la delincuente condenada a seis años de prisión sigue hablando. No hay nadie que tenga lo que hay que tener para detener este atropello -no ya a la igualdad ante la ley- sino al sentido común.
Mientras Milei insulta y desarma instrumentos financieros, Vaca Muerta aparece como posible bisagra. Sobran recursos; falta confianza institucional.
El humo blanco ha aparecido. Por lo tanto, tenemos Alianza en Mendoza. Analicemos, entonces, el perfil de los que la firmarán y el sentido histórico del acontecimiento.
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“El príncipe cuyo gobierno descanse en mercenarios no estará nunca seguro ni tranquilo, porque están desunidos, son ambiciosos y desleales, valientes entre amigos pero cobardes frente a los enemigos, y porque no tienen disciplina”, advertía famosamente Nicolás Maquiavelo. Este consejo no debería resultarle indiferente al presidente de la Nación ni a los armadores libertarios de la provincia de Buenos Aires, que han resuelto hacer pejotismo puro para derrotar al pejotismo.
“He visto el futuro, y funciona”.
- Lincoln Steffens
El rasgo más pernicioso de este escenario es la carga emocional con la que se concibe la política como una lucha entre el bien y el mal
Entre listas tensas, heridos digitales y las lógicas territoriales, la política local no tiene un futuro claro.

