Política

El oficialismo descalificó la protesta y cometió el error de no debatir políticamente. Además, adjudicó a Juntos por el Cambio una capacidad de convocatoria y organización de la que carece. Ahora, endurecería su posición y se espera una mayor tensión política

 

Alberto Fernández está atrapado en una perplejidad. Tiene 3 años de gobierno por delante, pero necesita ganar tiempo.

 

La Argentina es un caso epidémico y quizás por eso vive atada con alambres desde hace casi un siglo en la mayor parte de los renglones que se quieran abarcar, situación que horada la confianza de propios y extraños ya que va y viene por la historia montada en monumentales contrasentidos.

 

Ante el reproche de haber instalado una cuarentena récord, el gobierno optó por cambiarle el nombre, sin levantarla. En rigor, no debe hacerlo cuando la curva está en ascenso, pero reconoce que no puede volver al nivel inicial, en el peor momento. La relación ambivalente con Rodríguez Larreta

De algún modo, y por aquello de que bien vale un pan duro en medio de la miseria, el Gobierno celebró por segunda vez en poco más de una semana un anuncio que suena a maná llovido del cielo, como es la decisión de la Universidad de Oxford, en asociación con laboratorios nacionales y filántropos argentinos y mexicanos, de producir en el país una vacuna contra el coronavirus que podría empezar a aplicarse a los grupos de riesgo, en una primera etapa, a mediados del primer semestre de 2021.

Un bloque cercano y sombrío merodea la política. El país está en los umbrales de una colisión de poderes después de que Cristina Kirchner (y los senadores que la siguen, que son mayoría) decidió indisciplinarse ante la Justicia.

El dirigente radical reapareció en charlas por zoom y busca influir en la dirección que tomará la UCR de cara a las legislativas de 2021 y las presidenciales de 2023.

La embestida contra dos camaristas que entienden en la causa de los cuadernos deteriora el marco institucional en medio de una grave crisis económica y una emergencia sanitaria histórica.

El proyecto judicial otorgó a la oposición una causa para unirse y dejar atrás sus diferencias.

La defensa penal de Cristina Kirchner tiene varios caminos y distintas velocidades, pero un único común denominador: el uso intensivo del poder político para liberar de investigaciones y condenas a la jefa del oficialismo.

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