Opinión

La condena de ayer es el colofón de una historia que comenzó cuando a los dos días de asumir como presidente de la Nación, Néstor Kirchner convocó a un empleaducho bancario de su provincia e invirtiendo el sentido de las palabras bíblicas, le dijo, “Lázaro, levántate y roba”. Y Lázaro robó, primero para Néstor y luego para Cristina.

En el sustrato sociológico se diseminan los pedazos de electorado que los republicanos dejaron sin representación competitiva; están disponibles, a la espera de un liderazgo que los ordene y encarne

Quizá a esta altura de nuestra historia política resulte innecesario recurrir al diccionario de Cambrigde para definir el concepto de doble rasero, pero si alguien se toma ese simple trabajo descubrirá que lo define como “una regla o estándar de buen comportamiento que, injustamente, se espera que algunas personas sigan o alcancen, pero otras no”. Una versión más española y menos flemática alude a no aplicar el mismo criterio de valoración frente a sujetos o grupos distintos, deporte que consciente o inconscientemente los argentinos tenemos internalizado y que utilizamos a diario bajo la idea inconfesable de que poseemos la única verdad, que los contrarios nunca tienen razón y que el fin justifica los medios.

“Si alguien hace algo que te parece irracional, lo único que significa es que no tienes toda la información”. 
- Bill Browder

Más allá de la pelea por los cargos, el debate que Luis Petri le plantea a Alfredo Cornejo en Mendoza es el modo de construcción política que el mileísmo intentará imponer en todo el país entre estas elecciones y las de 2027. Analicemos detenidamente de qué se trata esta "nueva forma de hacer política".

Cuál es el combustible del que se nutren liderazgos como los de Milei, Trump u Orban para llegar al poder. Los excluidos del mercado económico y la crisis del capitalismo.

El país después de las elecciones en la ciudad de Buenos Aires con un 49% del padrón electoral que prefirió no votar a nadie, necesita la reconstitución de un centro derecha democrático. Cuando los extremos se imponen se acercan los desastres.

Para un país normal, para una sociedad con ciudadanos con sentido común, para una nación con principios jurídicos razonables, Cristina Kirchner debería estar presa desde el momento mismo en que fue condenada en segunda instancia. Y para el caso me importa poco si la prisión es domiciliaria, con tobillera o en alguna cárcel de presos comunes.

Mientras uno de los pilares del plan de miseria del kirchnerismo (la conversión del país a un páramo de ignorancia, con el 60% de los chicos de entre 7 y 16 años que no entienden lo que leen y solo el 14% de los chicos del secundario con un nivel de matemáticas mínimamente aceptable) sigue viento en popa, la heredera del creador de la banda que puso ese plan en ejecución y que continuó y profundizó su aplicación -Cristina Fernández de Kirchner- está abstraída de su tenebroso legado y encara una sorda pelea de chicanas con la Corte, jugándose a todo o nada su libertad.

Más de 14 millones de argentinos padecen trastornos mentales, pero el gasto en ese rubro es insignificante, apenas el 0,2% del presupuesto de Salud

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