Opinión
¿Qué tanta será la vigencia de Cristina Fernández en los meses por venir? ¿Podrá mantener su centralidad o su figura se irá apagando hasta desaparecer en poco tiempo más?
Mientras la sociedad mundial busca protegerse ante una posible guerra planetaria que haría peligrar la democracia, en nuestro país el miedo al pasado ominoso de un peronismo kirchnerista falaz y corrupto, concentra la atención social sobre las bravatas de Cristina Fernández –hoy en prisión por sus fechorías-, y sus interpretaciones “sui generis” de la historia.
Sueños inquietantes de una revolución libertaria - Por Jorge Fernández Díaz
Escrito por Jorge Fernández Díaz
Una cuenta atribuida al brillante estratega del Presidente, que no hace mucho modificó su perfil en X para evitar entre otras cosas proclamar a Javier Milei como un “emperador” –ahora simplemente lo homologa con el gran “libertador” sanmartiniano– recomendó por fin un texto de este diario, el primero que “vale la pena” leer de toda “la basura de LA NACION en décadas” (sic). Complacer el exigente gusto del avatar de Santiago Caputo no debería dejarnos indiferentes. El ensayo en cuestión está escrito con talento y prosa persuasiva por Alberto Ades, un abogado y economista que vive en Estados Unidos, que dice ser amigo del León y que recibió felicitaciones por parte de importantes funcionarios nacionales.
¡No respiren! - Por Enrique Avogadro
Escrito por Enrique Avogadro
“La política tiene un solo objetivo: dar respuesta a los terrores humanos”.
- Giuliano da Empoli
Cristina y Milei se repelen y se atraen - Por Carlos Salvador La Rosa
Escrito por Carlos Salvador La Rosa
Derrotada toda opción republicana, por primera vez la lucha por el poder en la Argentina enfrenta a dos populismos sin nada en el medio. Absolutamente diferentes en lo económico, pero con grandes coincidencias en lo político.
¿Qué vale más: los votos y movilizaciones que entronizan un liderazgo popular acusado de ser corrupto, o las leyes que aplican los jueces? Planteado así el dilema, deja a la vista dos maneras de concebir una república democrática.
Los ministros de Economía son siempre y en todos los casos fusibles de los presidentes. Aún aquellos importantes y con éxito como sucedió con Cavallo con Menem y Lavagna con Néstor Kirchner.
No es solamente la cuestión del déficit fiscal la clave para que la economía crezca. En realidad, sin que sea la única causa, la historia económica del país muestra que nuestro principal problema es el de la balanza de pagos. Que entren más divisas que las que salen para decirlo en lenguaje claro.
La condena a Cristina Kirchner por corrupción pone a prueba la “cultura de la ilegalidad” que Argentina comparte con muchos países.
Vuelven a usarse lugares comunes, metáforas y acontecimientos históricos como referencia ineludible para culminar el reciente esfuerzo de “reperonización” de CFK, una identidad con la que siempre tuvo diferencias
Más...
Los kirchneristas se dieron el gusto de salir a la calle para honrar a Cristina Fernández, exigir su libertad y denunciar la conjura de intereses de las grandes corporaciones muy interesados en proscribirla. Las cifras confiables suman en la marcha alrededor de 150.000 personas, un muy buen nivel de convocatoria aunque muy lejos del vaticinio de un millón de manifestantes en las calles de todo el país. Políticamente la movilización está más cerca del fracaso que del éxito.
Haciendo caso omiso tanto de los delitos imputados a Cristina de Kirchner por una legión de magistrados que construyeron su condena como del hecho de que, según la inmensa mayoría de los estudios de opinión pública, casi 7 de cada 10 argentinos la consideran culpable de esas transgresiones, una numerosa legión de militantes y simpatizantes de ella ha decidido acompañarla, sostenerla políticamente y reclamar por su libertad y contra su inhabilitación política, pena accesoria que es descripta como una proscripción.
En la superficie de la política criolla la centralidad de Cristina Kirchner no admite dudas. Todo lo que se relacione con su futuro inmediato o mediato ha sido materia de análisis en el gobierno, en los estrados judiciales y en el estado mayor peronista por igual. ¿Deberá usar tobillera o no es necesario ponerle esa suerte de candado para estar seguros de que no saldrá sin aviso de su domicilio? ¿Podrá recibir cuantas visitas le vengan en gana o quedará reducida esa posibilidad a unos pocos y escogidos? ¿Tendrá libertad para salir al balcón y arengar a su tropa o eso le estará vedado? ¿Se le permitirá navegar sin condicionamientos por las redes para hacerse oír o ello le estará prohibido?
A esta unidad repentina del peronismo surgida de la condena definitiva a Cristina Kirchner no es fácil hallarle antecedentes históricos. Se habla de Perón, de Puerta de Hierro, de Gaspar Campos. Pero Perón no se hacía el prohibido, estaba prohibido.

