Opinión

En los últimos días la preocupación mayor del gobierno fue la presión del mercado sobre las reservas. El alivio político obtenido una semana atrás, al conseguir que Diputados aprobara el DNU que autoriza al gobierno a acordar un nuevo convenio con el FMI, fue bienvenido por la plaza, pero no pareció suficiente para aliviar la mezcla de incertidumbre y expectativas que obligó al Banco Central a seguir desprendiéndose de reservas y elevando la cotización de los dólares libres: el blue traspasó la barrera de los 1300 pesos.

“Son unas viejas hijas de p…. Prepararon a sus hijos para matar y después fueron a llorar, viejas hijas de p…” así se refería a las Madres de Plaza de Mayo el escritor Agustín Laje en un pronunciamiento público, grabado y difundido como un postulado, similar a otros, tan o más polémicos e intolerantes como éste.

Tratemos de imaginar en qué berenjenal estaría metido el gobierno si, por cumplir de manera estricta con los mandamientos institucionales, hubiese sometido a discusión el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional en la cámara alta del Congreso nacional.

Uno de los grandes malentendidos de la historia argentina del siglo XX es el de Evita guevarizada. La asimilación iconográfica de Eva Perón con la del Che Guevara. Se puede apreciar un vestigio de esa confusión en cualquier momento. Basta con levantar la vista en la Avenida 9 de Julio, donde el intercalado edificio de Obras Públicas interpela a los urbanistas. A los gigantes murales de acero, de 31 metros por 24, Cristina Kirchner los mandó hacer en 2009 por teléfono desde La Habana. Acababa de reunirse con Fidel Castro y se alistaba para volar a Caracas para encontrarse con Hugo Chávez. La presidenta le ordenó a Oscar Parrilli que sin demora hiciera confeccionar una efigie de Eva Perón (después fueron dos) exactamente igual a la que en la Plaza de la Revolución, sobre el frente del Ministerio de Industria cubano, homenajea al Che Guevara.

Apunta a un cambio conceptual y estructural en torno a la matriz macroeconómica; las demás discusiones públicas se subordinan a ese objetivo de máxima

Hay que dejar el espíritu revanchista y mezquino que promueven las conmemoraciones del 24 de marzo y retomar los valores democráticos

Ya que somos testigos impotentes de una regresión hacia modelos que creíamos superados, no debemos bajar los brazos; hay que afrontar esta deshumanización con una pedagogía tenaz.

La credibilidad de los presidentes es la de los países y debe ser cultivada y honrada.

Los malos no te hacen bueno. Pero te dan fueros para ser provisoriamente inmune a las secuelas de tus propias trastadas y vilezas. El miedo cívico y social a los malos te conecta a un pulmotor de tiempo y te inocula una poción considerable de tolerancia oxigenada; te arropa cuando cometés errores gruesos y pecados vergonzosos, e incluso te sostiene cuando bailás sobre el abismo. Es la hormona política del mal menor, que circula por el sistema sanguíneo del votante un buen rato, y que parcialmente lo ciega o anestesia.

“El Emperador sólo podrá ser derribado desde adentro”.
- Santiago Posteguillo

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