Opinión

Mientras el gobierno de Milei compra tiempo, el escándalo que protagoniza Alberto Fernández desvela a la principal fuerza opositora y no se descarta una diáspora en el peronismo

“Algunas personas pasan por nuestra vida para enseñarnos a no ser como ellas”.  
- León Tolstoi

“Se está pudriendo todo”. A contramano de la sensación pública de que el escándalo en torno al expresidente Alberto Fernández, en la doble investigación judicial sobre corrupción y violencia de género, resulta funcional y es aprovechada por la administración de Javier Milei, de manera subterránea fuentes oficiales alertan sobre temblores secretos. O ya no tanto.

Que Tamara Pettinato practique juegos eróticos con Alberto Fernández en el sillón presidencial es una muestra de falta de responsabilidad y de conciencia sobre la gravedad de lo que está haciendo. Un adulto sabe que eso no es correcto. El tema del adulterio es una conducta privada, pero que hace más bizarra aún la escenificación. El papel de Fernández filmándola y haciendo preguntas de adolescente a los 65 años, torna la situación al ridículo.


San Martín demostró condiciones políticas extraordinarias. Su protagonismo para el proceso que llevó a la declaración de la independencia en Tucumán es indudable y los acuerdos que promueve con Belgrano, Pueyrredón y Güemes, fueron básicos para emprender el cruce de los Andes.

Comencemos con los perdedores porque el ganador resulta fácil de distinguir y es uno solo. El principal damnificado de los dos escándalos que sacuden con desigual intensidad y cobertura periodística al país de los argentinos -el referido a los seguros y el de la violencia sexual de la cual fue víctima Fabiola Yáñez- es, sin duda, Alberto Fernández. Convertido, más allá de cuanto dicte la Justicia en uno y otro caso, en el único muerto social y político que se recuerde en décadas en nuestro país, sus próximos años habrán de transcurrir en la cárcel o en el ostracismo. Hay acciones de las que no se vuelve.

La novedad tarde o temprano se acaba, y lo que cuentan son los resultados en la vida cotidiana.

La ex presidente condenada por corrupción, Cristina Fernández, declaró como testigo en el “atentado de los copitos” y todo fue transformado en un show de baja calidad (y poca gente) que acompañó a la declarante, cuestión que se puede entender porque ya no hay plata del Estado para movilizar a miles desde los barrios, a través de los punteros del conurbano que los extorsionaban con lo pagarle los planes si no asistían.

“Lo único que convierte a un individuo en un perfecto perdedor, es la práctica”
-Ernest Hemingway

Un reciente comercial en la Argentina muestra al “Dibu” Martínez diciendo que por cada argentino que sostiene una opinión hay otro que se opone pensando exactamente lo opuesto.

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