Opinión

Fue ministro de Economía de Cristina Kirchner, casi incendia su gobierno y cuando había que apagar el fuego se fugó al bando opuesto. Fue embajador en EE.UU. de Macri y lo abandonó en el momento más crucial, cuando asumió Trump. Es presidente del radicalismo y la acaba de fracturar poniéndose del lado de los que lo fracturaron. Pero no nos ensañemos con el minúsculo personaje. Martín Lousteau no es nada más que el síntoma de la enfermedad terminal que hoy sufren los partidos políticos. Nadie en sus cabales le puede dar tamañas responsabilidades a ese irresponsable. Por la reiteración de errores de tamaña magnitud, es que Milei se los está fumando en pipa a todos.

La ambición de crear un partido desde el Estado, utilizando los fragmentos que despiden peronistas, radicales y agrupaciones provinciales es la estrategia predominante. Algo que ya hemos visto en el pasado.

La implosión del kirchnerismo ahonda el desorden del tablero político y el gobierno de Milei busca aprovecharlo; la tensión entre ideología y la ilusión de poder

Elecciones en Uruguay este fin de semana. Los candidatos con posibilidades son los del Frente Amplio y los de una coalición liderada por el Partido Blanco. Dicen que el Frente Amplio gana por una pequeña diferencia, lo que daría lugar a una segunda vuelta.

Mauricio Macri encontró en su profesión de ingeniero una forma de explicar los términos de su relación con Javier Milei.

El 29 de octubre de 1874 tiene lugar la primer batalla en Santa Rosa (Mendoza). Las fuerzas mendocinas de Catalán resisten durante una hora las cargas de Arredondo que se repliega, pero luego de una breve pausa Arredondo arremete otra vez y al caer muerto Catalán se desmorona la resistencia.

Hay en estos momentos, a la vista de todos, una pelea que tiene dos contrincantes -Cristina Fernández y Ricardo Clemente Quíntela-, prestos a disputarse la conducción del peronismo a nivel nacional. Si bien la mencionada no es de desestimar, en realidad la disputa de fondo, la que verdaderamente interesa, es otra cuyos únicos contendientes son el actual gobernador de Buenos Aires y la viuda de Néstor Kirchner.

Se los presento: son Julia Cordero -interventora de la ANAC- y Eugenio Curia -coordinador nacional del Programa para el Combate de Lavado de Activos y Financiación del Terrorismo (dentro de la UIF).

 

Mientras Cristina y Kicillof se pelean por la “izquierda” peronista, en el Gobierno se pelean por la “derecha”. De ahí el intenso trajín entre Buenos Aires y Roma, entre Argentina y el Papa.

Allá por los años treinta, un viejo y mañoso político conservador decía que para gobernar bien es necesario pagar los sueldos todos los meses y controlar la calle. Cumplido esos requisitos, todo lo demás se reducía a saber decidir y a otorgarle a cada hombre el precio que se merecía. Después, claro está, hace falta un poco de suerte: una lluvia oportuna o que en algún lugar del mundo nuestra producción eleve sus cotizaciones. Cínico o no, el principio hubiera merecido la discreta aprobación de Nicolás Maquiavelo y del viejo Vizcacha.

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