Opinión

“Intratables” fue un programa televisivo exitoso porque supo farandulizar la política. Donde todos se peleaban con todos y nadie escuchaba al otro. Fue la plataforma de lanzamiento mediático de Javier Milei. El hombre llegó a la presidencia con esa lógica televisiva pura y le sirvió mucho para ganar. Pero no le servirá para gobernar, como se vio esta semana, donde su protegido, el joven maravilla Santiago Caputo le armó un clima “intratable”, confundiendo batalla cultural con agresiones e insultos mediáticos generados por una banda de impresentables. Por lo que el Congreso, en parte como respuesta a esa actitud, les votó todo en contra, incluso sus aliados.

La sorpresiva ofensiva ucraniana en Kursk plantea un interrogante: ¿se trata de un intento de ganar la guerra o de mejorar la posición de Ucrania para una futura negociación? Esta última posibilidad se ve hoy más cerca, especialmente si ganara Trump las elecciones del 5 de noviembre.

Una sociedad frustrada, enfadada, estafada durante un largo tiempo por su dirigencia necesita no solo un cauce para manifestar sus broncas, sino que también requiere sanar, recuperar la esperanza en el futuro, encontrar formas de convivencia pacífica, discrepar con respeto, alejar temores, terminar con odios y rencores.

El sonado escándalo protagonizado por Alberto Fernández tuvo tal resonancia en los medios de comunicación clásicos y en todas las redes que -por lógica consecuencia- relegó a un segundo o tercer lugar a otras cuestiones de singular importancia. Desde que tomó estado público la inaudita violencia que aquél ejerció durante años a expensas de Fabiola Yánez, los pliegos de Ariel Lijo y de Manuel García Mansilla -candidatos propuestos por el gobierno para integrar la Suprema Corte de Justicia de la Nación- desaparecieron, o poco menos, de la escena, como si fueran asuntos de menor trascendencia.

La semana legislativa mostró la debilidad del Gobierno y la fragmentación del sistema de partidos.

La cultura política de “mirar para otro lado” y pasar por alto las “alertas éticas” le permitió a uno llegar y mantenerse en la Presidencia; ¿le permitirá al otro acceder al máximo tribunal de la Nación?

La opción está a la vista: una mayoría estable, parlamentaria y federal, y consensuar un programa de medidas que se proyecten por los próximos dos años.

En abril de este año el gobierno de Javier Milei podía mostrar como un logro de su gestión haber achicado pronunciadamente la tasa de riesgo país a 1.148 puntos básicos desde los 2.719 que ese indicador había alcanzado sólo seis meses antes. Pero desde abril hasta hoy aquella calificación no sólo no ha seguido cuesta abajo, sino que ha remontado y roza actualmente (en más o en menos) los 1.500 puntos.

Ambos países comparten valores y principios comunes. El abrazo por los ideales de la libertad, la democracia y el respeto de la dignidad humana.

En política -y muchas veces también en la vida- ocurren hechos que en el momento que suceden, si bien pueden producir algún comentario o incluso algún asombro, no son dimensionados en todas sus consecuencias.

Top