Opinión

Las denuncias sobre violencia de género de Fabiola Yáñez y los chats de la secretaria del expresidente amenazan con abrir una caja de Pandora que inquieta a no pocos exfuncionarios kirchneristas

“Cuando se descubrió que la información era un negocio, la verdad dejó de ser importante”. 
- Ryszard Kapuściński

Alberto Fernández logró algo que parecía imposible: pasó de la insignificancia política a la consagración como el expresidente democrático más opaco, sospechado y abandonado a su suerte de los últimos cuarenta años.

El mundo hoy es de color Milei. Es que, casualidad o no, el mundo y el país hoy semejan una metáfora de lo que siempre pensó el anarcolibertario. La fortuna le sigue sonriendo a pesar de los crecientes errores no tanto de él sino de su inexperta y torpe tropa que no para de dejar macana por hacer. Y de un ajuste que ya empieza a mostrar sus aristas más dolorosas.

Todo lo que ha trascendido demuestra que la vida del expresidente Fernández, no solo su presidencia, fue un engaño.

Calidad institucional es lo que necesitamos, en primer término, para emprender el camino lleno de obstáculos pero que es imperioso encarar para recuperar nuestra posición y rango en el mundo.

Nuevamente sueño intranquilo. Recuperación mirando el jardín con asombro por esa cala persistente en medio de un cantero donde no ha surgido ninguna otra flor. Hoy la llamaré la resiliente, pues el clima le ha hecho de todo y ella sigue allí hermosa, erguida e imperturbable.

¿Los sucesos que involucran a Alberto –más allá de las respectivas derivas judiciales- afectan políticamente al kirchnerismo? Obviamente no lo ayuda a construir una imagen positiva o renovada. 

La señora Fabiola Yáñez decidió denunciar a su señor esposo por golpes y algunas otras galanterías por el estilo. Era hora. Cuando trascendieron vía WhatsApp las muestras de cariño que el entonces presidente de la nación le daba a la primera dama, ella se limitó a decir que no iba a denunciar a su amantísimo esposo. Presté atención al detalle. No dijo lo que diría cualquier esposa que convive con un marido que no practica box con ella: ¡Son mentiras! ¡Mi marido me ama y solo me brinda caricias! Nada de eso. Lo que dijo es que, POR AHORA, no lo iba a denunciar.

“Públicamente todos los políticos son feministas, pero los elogios no se traducen en lugares para las mujeres”, se quejaba la incansable luchadora por los derechos de la mujer, Florentina Gómez Miranda, quien en absoluta minoría de género logró en su paso por la Cámara de Diputados como diputada radical avances significativos en cuanto a derechos históricamente cercenados para la mujer a través de 150 proyectos que forjaron cambios y resultados positivos para torcer décadas de reclamos que no encontraban eco.

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