Opinión

“Estoy convencido de que es un proceso normal y tranquilo”, dijo el presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, respecto a las fraudulentas elecciones realizadas por la dictadura venezolana encabezada por Nicolás Maduro. Es cierto que Lula tiene mucha presión interna; su partido, el PT (Partido de los Trabajadores), reconoció el triunfo del dictador venezolano, pero aun así no se justifica su pobre pronunciamiento.

El fraude electoral fue tan colosal que antiguos amigos del régimen chavista no se animan a reconocer la victoria y piden pruebas de los resultados.

Les juro que cada vez que me siento a escribir estas columnas trato de buscar una tema original que no aburra la atención de los que dedican una parte de su tiempo a leerlas. Pero sustraerme a la tentación de escribir, una vez más, sobre el régimen que gobierna Venezuela y que está en el centro de la atención mundial por estas horas, me resulta difícil.

I. A no llamarse a engaño: si en Venezuela el ejército no se divide, Maduro se saldrá con la suya. Él y el régimen que preside plagado de corruptos, narcos, psicópatas y facinerosos. El escrutinio del domingo fue una vergüenza, pero convengamos que el fraude estaba cantado.

-¿Ud. qué piensa del gobierno? -¿La verdad? No lo sé. Y tampoco de cualquier otro en el futuro. 

Un gobierno que pierde población, riqueza, y promueve fraude vulgar. Cuando civiles desarmados enfrentan la represión, nadie duda donde palpita el alma de los pueblos.

El nuevo fraude perpetrado por el régimen de Nicolás Maduro confirma que el chavismo nunca aceptará una retirada pacífica e institucional del poder.

La decisión del presidente Biden de renunciar a postularse para un nuevo período presidencial muestra la enorme distancia con su derrotado en noviembre de 2019. Biden, con una carrera de medio siglo dedicado al servicio público, alcanza nivel del estadista que pone los intereses de su país y del partido que lo llevó al senado en varios períodos, la vicepresidencia de su país en dos períodos y la presidencia, por encima de sus aspiraciones y ambiciones personales.

“Un pueblo no tiene sino un enemigo peligroso, su gobierno”
- Antoine de Saint-Just

Una cosa es cooptar partidos para armar desde el gobierno una fuerza política y otra, muy diferente, es practicar el arte de la coalición. Por un lado, se sueña con otra hegemonía; por otro, se abriría camino para una política más constructiva.

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