Opinión

En vez de usar constantemente el espejo retrovisor de nuestra mente, atándola con cadenas al pasado, deberíamos concentrarnos cuanto antes en el estudio de un futuro posible, para una sociedad maltrecha por la anomia popular y la cortedad de miras de sus dirigentes. 

Según escribe Joaquín Morales Solá -un periodista al que todo el mundo le reconoce tener buena información- hoy en La Nación, el horizonte que tiene en mente el presidente Milei con la amplia reforma encerrada en el DNU y la mega ley de Bases y Puntos de Partida es el que llevó adelante Australia en la década de los ’80, cuando el propio Partido Laborista se dio cuenta de que los delirios socializantes a los que él había sometido al país lo estaban dirigiendo a un espeluznante fracaso.

La reforma política contenida en la ley ómnibus es un batido de coraje, sinceramiento, audacia, cambios impostergables, modificaciones inciertas y omisiones. Muy Milei.

Desentrañar este perverso mecanismo requerirá de una tarea ciclópea de reformulación y gestión de la asistencia social.

El gobierno de Javier Milei propone un proceso de reformas de vasto alcance para terminar en el menor tiempo posible con el populismo económico y la decadencia

Javier Milei parece convencido de que si fue capaz de doblegar en las urnas a todos sus adversarios sin un gran aparato político detrás, con más razón podrá imponer una batería de reformas con las que no solo aspira a transformar de raíz la economía argentina y un Estado macrocefálico y corrupto, sino también a cambiar la forma de vida de los argentinos. Nunca un gobierno nacional de origen democrático con tan escaso poder parlamentario como el actual se atrevió a tanto.

En estas primeras semanas del gobierno de La Libertad Avanza (LLA), analistas y politólogos, lo mismo que periodistas especializados se preguntan, ¿las medidas que toma el Presidente Javier Milei, responden a la política o son estrategias? Difícil respuesta.

“Napoleón buscó la virtud y, como no la encontró, asumió el poder” 
- Johann Wolfgang von Goethe

Los presidentes hacen siempre todo lo que legalmente pueden hacer; aunque no siempre esto sea prudente. No tiene mucho sentido formular contra ellos imputaciones si actúan dentro de los límites de la Constitución, o reprochar a la Constitución por algo que ella no ha establecido. En todo caso, la Constitución dejó abierta una puerta.

Cuando Juan Bautista Alberdi escribió "Bases y puntos de partida para la organización política de la República Argentina", una de sus preocupaciones centrales fue que no repitamos la experiencia de Juan Manuel de Rosas, es decir la de un régimen despótico apoyado por las clases populares y habilitado para ejercer la suma del poder público. Fue por eso que dispuso que el presidente no sea elegido por el voto directo sino por los Colegios Electorales; y que incluso los senadores se rigieran por los mismos principios.

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