Opinión
En vez de usar constantemente el espejo retrovisor de nuestra mente, atándola con cadenas al pasado, deberíamos concentrarnos cuanto antes en el estudio de un futuro posible, para una sociedad maltrecha por la anomia popular y la cortedad de miras de sus dirigentes.
Modelo Australiano - Por Carlos Mira
Escrito por Carlos Mira
Según escribe Joaquín Morales Solá -un periodista al que todo el mundo le reconoce tener buena información- hoy en La Nación, el horizonte que tiene en mente el presidente Milei con la amplia reforma encerrada en el DNU y la mega ley de Bases y Puntos de Partida es el que llevó adelante Australia en la década de los ’80, cuando el propio Partido Laborista se dio cuenta de que los delirios socializantes a los que él había sometido al país lo estaban dirigiendo a un espeluznante fracaso.
La reforma política contenida en la ley ómnibus es un batido de coraje, sinceramiento, audacia, cambios impostergables, modificaciones inciertas y omisiones. Muy Milei.
Desentrañar este perverso mecanismo requerirá de una tarea ciclópea de reformulación y gestión de la asistencia social.
El gobierno de Javier Milei propone un proceso de reformas de vasto alcance para terminar en el menor tiempo posible con el populismo económico y la decadencia
Javier Milei parece convencido de que si fue capaz de doblegar en las urnas a todos sus adversarios sin un gran aparato político detrás, con más razón podrá imponer una batería de reformas con las que no solo aspira a transformar de raíz la economía argentina y un Estado macrocefálico y corrupto, sino también a cambiar la forma de vida de los argentinos. Nunca un gobierno nacional de origen democrático con tan escaso poder parlamentario como el actual se atrevió a tanto.
En estas primeras semanas del gobierno de La Libertad Avanza (LLA), analistas y politólogos, lo mismo que periodistas especializados se preguntan, ¿las medidas que toma el Presidente Javier Milei, responden a la política o son estrategias? Difícil respuesta.
“Napoleón buscó la virtud y, como no la encontró, asumió el poder”
- Johann Wolfgang von Goethe
Los presidentes hacen siempre todo lo que legalmente pueden hacer; aunque no siempre esto sea prudente. No tiene mucho sentido formular contra ellos imputaciones si actúan dentro de los límites de la Constitución, o reprochar a la Constitución por algo que ella no ha establecido. En todo caso, la Constitución dejó abierta una puerta.
Cuando Juan Bautista Alberdi escribió "Bases y puntos de partida para la organización política de la República Argentina", una de sus preocupaciones centrales fue que no repitamos la experiencia de Juan Manuel de Rosas, es decir la de un régimen despótico apoyado por las clases populares y habilitado para ejercer la suma del poder público. Fue por eso que dispuso que el presidente no sea elegido por el voto directo sino por los Colegios Electorales; y que incluso los senadores se rigieran por los mismos principios.
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Cuando el presidente, por la cadena nacional de radio y televisión, hizo el anuncio del decreto de necesidad y urgencia Nº70/2023, la pregunta que se formularon todos los interesados en el tema -políticos y abogados constitucionalistas, periodistas y consultores, por igual- fue la siguiente: ¿impericia o cálculo táctico? Si se analiza el paso dado por Javier Milei con arreglo a un criterio lineal, es fácil pensar que se tiró a la pileta sin saber a ciencia cierta si en ella había o no agua.
Lo que está ocurriendo en la Argentina motiva mucho interés en los centros financieros del resto del mundo. En Nueva York, Londres, Frankfurt, Tokio y Pekín, personajes que manejan montos colosales de dinero están preguntándose si, por fin, el país está por aceptar la derrota de su prolongada rebelión contra la lógica capitalista para comenzar a sacar provecho de sus muchas ventajas materiales y culturales. A pesar de todo lo sucedido a partir de los años treinta del siglo pasado, la idea de que la Argentina sea un “país rico” y que la pobreza multitudinaria sea una aberración, no ha desaparecido por completo ni aquí ni en otras latitudes.
El mundo político empieza a tener la sensación de que pasó de tratar con Carlos Salvador Milei por su pragmatismo a estar frente a un Oscar Alende de derecha: el Partido Intransigente.
Javier Milei presidente es el producto de diversas circunstancias, pero no hay que desconocer la clara gravitación del peronismo en su carrera hacia el poder. El gobierno peronista hizo lo posible y lo imposible para que así fuera.

