Opinión

Más allá de la probable aprobación de la Ley Bases, para la administración de Javier Milei hay además otra contribución esencial: lo funcional que resulta para sus intereses la férrea oposición del peronismo anclado, pese a que no lo asume, en la gestión anterior.

El regreso a escena de Cristina Kirchner y por qué Milei la elige como rival. Las divisiones en el peronismo.

El gobierno obtuvo –se dice– una victoria consiguiendo la aprobación parcial de la ley Bases en Diputados. Me parece que más allá de los contenidos convalidados, vale la pena analizar el proceso político de esta reforma legal de gran alcance.

Las diatribas de Milei son ofensas; palabras como “basuras”, “ratas”, “idiotas”, “ensobrados”, algunas de las más habituales, abundan en su vocabulario hasta constituir algo así como la letanía de un relato dominante

Existe el mito de que el diplomático británico fue la contrafigura del economista austríaco. Pero ambos tenían muchas coincidencias y se profesaban una mutua admiración

Además de autopercibirse un personaje desmesurado de una ópera de Puccini, el Presidente también se sueña como un célebre “piloto de tormentas”: Carlos Pellegrini, que asumió en medio de un caos económico, llevó a cabo una serie de reformas dolorosas con alto costo social, soportó críticas altisonantes y al final “se abrochó el frac, se puso la galera y se fue caminando a su casa aguantando los insultos”, como le contó el actual jefe del Estado a su amigo Nicolás Márquez: “Yo quiero ser el Pellegrini del siglo XXI”. Márquez recuerda ese deseo presidencial en un flamante ensayo biográfico llamado Milei, la revolución que no vieron venir (Hojas del Sur) que firma junto con el periodista Marcelo Duclos y que se lanzará formalmente el miércoles en la Feria del Libro con un “presentador sorpresa”.

“Las democracias requieren negociación y concesiones. Los contratiempos son inevitables; las     
victorias, siempre parciales. Las iniciativas públicas más importantes para un Presidente pueden     
ser destrozadas por los medios, malograrse en el Congreso o ser rechazadas por las Cortes”
    
- S. Levitsky y D. Ziblatt.

Se está cumpliendo el 10% de este mando de Javier "Medialey". El oficialismo va haciendo los suficientes aprendizajes para evitar una crisis prematura, que incluso pondría en riesgo los precarios logros económicos de estos primeros cinco meses.

Los primeros meses de gestión tuvieron elementos en común: falta de operatividad y destrato a los profesionales que se incorporaron.

Mejor pájaro en mano que cien volando. Con arreglo al espíritu de este adagio podría el oficialismo explicar la razón en virtud de la cual —a diferencia de cuanto sucedió en el pasado mes de febrero— ahora la instrucción de la Casa Rosada dada a Martin Menem y a la bancada propia fue la de cerrar un acuerdo, para aprobar la ley ómnibus aun dejando en el camino jirones enteros del proyecto original. Javier Milei y su equipo decisor —Karina, Santiago y Luis Caputo, Nicolas Posse y Guillermo Francos— tomaron conciencia de que necesitaban un basamento jurídico a prueba de balas, no sólo a los efectos de darle mayor credibilidad a su gestión de puertas para adentro del país sino a poco de entender el peso de los factores de poder externos que reclamaban, desde el comienzo del mandato mileísta, más leyes y menos DNUs.

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