Opinión
Las elecciones primarias, abiertas, simultáneas y obligatorias (PASO) fueron establecidas por el kirchnerismo en 2009, luego de la derrota legislativa que sufrió ese año. Pese a toda la retórica que las rodeó, no tuvieron, como nada en esa fuerza política, otro objetivo verdadero que procurarse una ventaja circunstancial. La “democratización” era tan falaz como en el caso de las reformas judiciales. Tanto es así que fueron escasas las oportunidades en que el Frente de Todos o sus sucedáneos usaron ese método para dirimir sus propias candidaturas, que por lo general responden al dedo inapelable de la conductora, Cristina Elisabet Fernández. Y no vacilaron, además, cuando pensaban que les resultaría perjudicial, en proponer la modificación de la ley de las PASO.
Muchos individuos que “acomodan” sus intereses personales, sin importarles a quiénes perjudican con ello, se muestran como fundamentalistas indignados cuando alguien quiere cuestionar sus presuntos derechos, rasgándose las vestiduras “ipso facto”.
El corte al gasto y al aparato del Estado no es neutro en términos de lo que el Presidente llama “sector privado”.
Las transformaciones socioculturales se hacen sentir en las elecciones; el movimiento que solía asociarse a la clase trabajadora en un país cuyo origen inmigratorio pone en duda la existencia de “clases”, está en crisis
El Presidente, entre su primer paquete de anuncios y el temporal que azotó el sur bonaerense. El ajuste, su prueba de fuego.

Durante el gobierno de Alberto Fernández, Argentina firmó la última declaración de Nueva Delhi del G20, que defiende la competencia económica e insta a desincentivar el proteccionismo. Esperamos coherencia de los diputados con estas premisas.

Resulta imprescindible ser conscientes que ante todo la Argentina enfrenta un debate esencialmente cultural.
El gen libertario que Milei debe combatir - Por Jorge Fernández Díaz
Escrito por Jorge Fernández Díaz
Solo en un país degradado y en emergencia total permanente, sin demasiada conciencia histórica ni cultura política, y condenado a vivir un eterno presente de dimes y diretes pudo haber pasado sin pena ni gloria una noticia significativa: ha puesto punto final esta semana a su extensa tarea de articulista acaso uno de los intelectuales latinoamericanos más combatidos e influyentes, y sin duda quien más ha cuestionado durante los últimos treinta años las diferentes formas del populismo.
Javier Milei asumió la presidencia de la Nación el 10/12/2023 y el 20/12, a los 10 días de estar ejerciendo el cargo, en el salón blanco de la Casa Rosada, rodeado por su gabinete y por Federico Sturzenegger, leyó.
“Tu nivel más alto de ignorancia lo alcanzas cuando rechazas algo sobre lo cual no sabes nada”.
- Wayne Dyer
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El Presidente arremete con un ambicioso decreto de desregulación de la economía para insuflar aire a una actividad privada asfixiada por infinidad de obstáculos. Queda por delante un escarpado camino.
Algunos de los economistas que durante la campaña electoral firmaron una solicitada en contra del programa expuesto por el entonces candidato Javier Milei, ahora -sin decir Agua, va- ponderan los esfuerzos del flamante presidente de la Nación para ordenar las cuentas, devolvernos la seguridad jurídica, privatizar las empresas públicas improductivas y ponerle fin al capitalismo prebendario. Distintos técnicos de los equipos que en aquellos tiempos orbitaron en derredor de Horacio Rodríguez Larreta y de Patricia Bullrich, de buenas a primeras se han acercado al espacio libertario con el propósito de ‘colaborar’.
El resultado del experimento fue muy destructivo para la sociedad: pobreza, ruina, analfabetismo y delincuencia; fluyeron, sí, los “negocios”: subsidios para amigos, empresarios prebendarios, privilegios y miles de “ñoquis”
Los valores de una sociedad no se cambian por decreto - Por Roberto Cachanosky
Escrito por Roberto Cachanosky
El antecedente de las reformas aplicadas por Menem y anuladas por Kirchner prueba por qué la imposición de normas dura poco. Corresponde un tratamiento legislativo

