Opinión
El 1 de mayo de 1851 se conoce la proclama del gobierno de Entre Ríos con la firma de su gobernador Justo José de Urquiza que se inicia de esta manera: “¡Viva la Confederación Argentina! ¡Mueran los enemigos de la Organización Nacional!". Dos años después, el 1 de mayo de 1853 es sancionada la Constitución Nacional.

En el largo camino que recorrí por las Cámaras del Congreso Nacional, en periodos legales y jornadas legítimas, jamás ví que un Presidente de la República asistiera a la interpelación de uno de sus ministros, sobre todo, del Jefe de Gabinete. La historia parlamentaria de nuestro país no registra, estimo yo, antecedentes en la materia.
La sangre finalmente no llegó al río. Había fundadas razones para pensar que la presencia del jefe de gabinete en el Congreso suscitará un escándalo de proporciones. Más, en atención al hecho de que los hermanos Milei, como muestra de su apoyo sin fisuras a Manuel Adorni, se harían presentes en uno de los palcos para no perder detalle de la performance de su protegido.
Brusca caída en la imagen del Gobierno; sólo lo aprueba el 34%; diagnóstico equivocado: la culpa sería de la prensa; la caída en el nivel de actividad; financiamiento externo: el inesperado estatismo de Milei.
La marginalidad, esa nueva realidad social que viene consolidándose por etapas durante medio siglo, es un fenómeno en sutil y permanente mutación. Su hábitat nuclear son las profundidades de los grandes conurbanos; allí en donde la pobreza digna se matiza con la lumpenizaciòn dificultando su análisis. Intentaremos, como nos lo enseñó José Luis Romero, una actualización de concepciones sobre la vida, la muerte, el espacio, el tiempo, y modalidades de realización.
Lo que consideran como ese combate es la exacta contracara de la cultura: el reino de la vulgaridad y la injuria; lo que no llegan a ver es que ese palabrerío es tan hueco y contraproducente como los típicos discursos de los políticos, solo traslada el problema de un lado a otro sin solucionarlo.
“El desierto crece” es una célebre frase de Friedrich Nietzsche en Así habló Zaratustra: “El desierto crece: ¡Ay de aquel que esconde desiertos!”.
Está clarísimo que el creciente malestar social con el gobierno de Javier Milei es una mera “sensación” y que esta no fue generada por la política económica ni por los sucesivos escándalos, sino por la acción perversa del periodismo independiente: nos habían convencido de que ya no teníamos esos superpoderes, pero ahora parece que somos capaces hasta de implantar en el inconsciente colectivo la insólita idea de que la mayoría de los argentinos está sufriendo irritación y mishiadura.
Comienza a verse que el discurso oficial choca con una paciencia que se agota, incluso entre sus votantes.
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Los amigos anarco libertarios que Milei tiene a nivel internacional afirman de manera explícita querer privatizar totalmente la universidad pública y la ciencia financiada por el Estado. Además, desean un mundo donde no haya ni periodismo ni periodistas. Varias políticas aplicadas por el presidente argentino -y casi la totalidad de su discurso ideológico- marchan por ese mismo camino.
John Forbes Nash, matemático ganador del Premio Nobel de Economía en 1994, obtuvo su doctorado con la tesis “Juegos no cooperativos” (Non-Cooperative games), defendida en 1950, publicada en 1951 y popularizada luego como “el equilibrio de Nash”. Se da cuando ninguno de los jugadores podría mejorar su situación cambiando de estrategia si el resto mantiene la suya. Así, cada jugador está obligado a continuarla aun sabiendo que no le conviene.
Los periodistas acreditados en la Casa Rosada tienen prohibida la entrada. Flamante decisión del gobierno de los hermanitos Milei que siguen aconsejando que es necesario odiar a los periodistas dulcemente calificados como “ratas repugnantes”. La orden de echar flit a los periodistas ha sido dada. Ni Videla ni Cristina se animaron a tanto.
“La imaginación humana nunca descansa, sobre todo cuando se trata de acomodar la realidad al molde del propio anhelo”.
Lorenzo Silva
Esta apelación está dirigida tanto al Presidente de los EEUU cuanto al nuestro, ya que las conductas de ambos – guardando las distancias debidas a la relativa importancia internacional – se asemejan enormemente. Hoy, como corresponde, comenzaré por casa, este gran país al cual hemos convertido en intrascendente por nuestra inveterada imbecilidad. Cuando pienso, por ejemplo, en el luminoso faro cultural que la Argentina fue para toda América Latina durante tantos años, tengo ganas de llorar. Pese a mis ancestros italianos, reconocí en “Una historia de España”, del genial Arturo Pérez-Reverte, muchos de los vicios de los españoles como propios.

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