Opinión

“Se lo llevó el carnaval” es un tema de Horacio Guarany perfectamente aplicable al fallecimiento de Carlos Menem: se fue en pleno carnaval pandémico. El, entusiasta difusor de la Chaya riojana, siempre fue un polémico que jamás pasó desapercibido. Desde su carisma indiscutible hasta sus frases desopilantes, se convirtió en un parámetro para la sociedad y para la política. 

En 1993, pocos días después de la victoria de Carlos Menem en las elecciones legislativas de octubre publicamos un artículo con el querido y recordado Carlos Floria en donde tratábamos de dar cuenta de un fenómeno que, como en otras ocasiones, ya era sindicado de enterrar definitivamente al peronismo. 

 

 

Desde hace un tiempo el oficialismo viene meneando la suspensión de las PASO. La pandemia, que le sirve al gobierno nacional para justificar cualquier cosa, es la excusa ideal. Se argumenta el riesgo sanitario de aglomerar personas y también el costo económico. Este último motivo fue expuesto recientemente por Sergio Massa, quien planteó una supuesta dicotomía entre boletas y vacunas. A mayor impresión de boletas, habría menos recursos para adquirir vacunas.

 

 

Modo diálogo. Hubo reuniones toda la semana. Alberto se mostró con seis líderes internacionales en veinte días. Próximos: AMLO, Biden y Bolsonaro. El desafío interno de parecer que su objetivo es octubre y no en dos años.

 

 

La ambición suele ser un instrumento apto para la especulación política y excita el ánimo de quienes compiten por mantenerse “a salvo” en una función de gobierno.

 

 

 

El fallecimiento del presidente Carlos Menem presenta una nueva ocasión para discutir y recordar su legado. Para ese cometido es preciso, antes que nada, salir de la pusilanimidad clásica que caracteriza a gran parte del periodismo argentino que carece de las agallas necesarias para sobreponerse a las “modas” del momento y circunscribirse a la verdad objetiva de los hechos. Lamentablemente, luego de las tribunas y las tarimas de los políticos, los siguientes elementos más proclives a la demagogia son las cámaras, el teclado y los micrófonos.

 

Los antiguos egipcios profesaban el culto al dios Anubis quien, con una balanza de dos platos en la mano, pesaba el corazón de los muertos. Allí, iban a parar las miserias y los aciertos de cada tránsito por el mundo de los vivos y, como resultado, la aguja central señalaba el destino final del alma.

 

 

Este domingo, y tras pasar dos meses internado en el sanatorio Los Arcos, donde había sido ingresado por una infección urinaria, murió el ex presidente Carlos Saúl Menem. A mediados del año pasado, el ex mandatario había pasado 15 días en el Instituto del Diagnóstico y Tratamiento por una neumonía bilateral.

 

 

Carlos Menem le imprimió su sello especial a la forma de hacer política en la Argentina. Durante su presidencia, el riojano confirmó, a la vez que amplió, el pragmatismo del peronismo.

 

El sello de Carlos Menem, que murió este domingo, le imprimió al peronismo hace ya treinta años no despierta hoy los medidos entusiasmos o los exaltados aborrecimientos de su tiempo. Es el momento de tratar de entenderlo.

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