Opinión

El peronismo tenía en sus orígenes una lógica redistribucionista, hoy la única lógica que tiene es la subsidiadora.
La diplomacia pre-westfaliana de Alberto Fernández - Por Mariano Caucino
Escrito por Mariano Caucino
Una vez más, la diplomacia gubernamental ha optado por privilegiar sus preferencias ideológicas y por anteponer sus gustos personales por encima de los intereses permanentes del Estado Argentino
Cunde el extravío en el avispero kirchnerista - Por Jorge Fernández Díaz
Escrito por Jorge Fernández Díaz
Están los ciegos y están los cínicos, distingue el filósofo Santiago Kovadloff: “Los cínicos saben qué hacer para sostenerse en la cresta de la ola, y los ciegos, para soñar que no sucede lo que pasa, idealizando un pasado que dejó de existir hace mucho”. Alude así a las dos formas clásicas de ser kirchnerista; se podría arriesgar que existe al menos una tercera categoría, donde se combinan esquizofrénicamente esos dos temperamentos antagónicos.

Perdón, voy a ser referencial. Con el aniversario de los 100 años del nacimiento de Astor Piazzolla quiero contar algo que viví y que merece ser contado. Yo trabajaba entonces en la producción de los programas de Bernardo Neustadt, con otras personas.

"Seamos realistas, pidamos lo imposible".
- Pintada en una pared de Paris, mayo de 1968

Recrudece el plan Andinia mapuche - auténtico esta vez - del brazo de sus socios terroristas peronistas, de los jueces venales de las satrapías y de la mafia de las regalías, con el viejo truco indio del genocidio y la segregación
El ataque al Poder Judicial y el Ministerio público - Por Jorge Enríquez y Luis Cevasco
Escrito por Jorge Enríquez
¿Por qué importa la reforma de la ley de Ministerio Público? ¿Por qué importa cómo se designa y cuánto dura en el cargo el Procurador General de la Nación?

Hasta hace pocas horas, Alberto Fernández podía ufanarse de ser un Presidente Pequeño, Pequeño, pero Presidente al fin. El discurso de apertura de las elecciones legislativas había sido una aburrida elegía a las posiciones políticas de su vicepresidenta, pero sabemos que el lema del Presidente es “a las palabras se las lleva el viento” (aunque no la cloud de internet). El discurso contenía asimismo la confesión explicita de que, más que quejarse airadamente, no iba a ser mucho más para cumplir con la tarea para lo cual Cristina Fernández lo designó en el primer lugar de la fórmula presidencial: el resolver su situación judicial, la de sus seres queridos y la de sus seres no tan queridos.

Si bien ha resultado ser capaz de remodelar el gobierno formalmente encabezado por el hombre que eligió, a pesar de todos sus esfuerzos, aún no ha podido reformar la Justicia.

Pese a sus pifias y desfallecimientos el frente de Juntos por el Cambio no es un rejuntado de perdedores que hace todo lo posible para mantenerse a flote en medio de un tembladeral. El hecho de que haya sido derrotado en los comicios presidenciales de octubre de 2019 no lo convirtió en un actor de reparto de segunda categoría. Aunque debió abandonar la Casa Rosada y regresar al llano, se mantuvo unido, más allá de las inocultables diferencias que laten en su seno.
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Cristina deberá estar pensando con la renuncia de la ex ministra Losardo, “se hizo justicia”. Losardo y Alberto pensarán que fue “injusto” que se deba ir “agobiada”. Pero el poder es el poder. Qué es “lo justo” lo juzgará cada un@. El punto es qué confluencia de factores hace que se vaya una persona íntima y fiel del presidente. La respuesta más simplista es que Ella presiona según sus intereses hasta que El cede. Pero la trastienda es bastante más compleja.

En la fricción entre la sociedad de consumo, que ofrece bienes, y la condición de pobre, impotente para demandarlos, fermenta el odio

Es muy extraña la forma en la que la historia parece desafiar en la Argentina el previsible derrotero involutivo anunciado por Marx, la tragedia repetida como miserable farsa. Acá abundan los loteos, relatos, retazos de relatos, encolados de segunda mano, remakes con guión invertido, desvirtuaciones institucionales puestas en valor. Todo parece volver -los dislates casi siempre tienen algún precedente- pero la lógica de la serie, si la hay, nunca es nítida.

La vicepresidenta se siente dueña de las circunstancias y con el poder en sus manos, mientras los de abajo obedecen sus órdenes

