Opinión

Así como no hay que tomar sin beneficio de inventario el discurso de los candi- datos, voceado en el fragor de una campaña electoral, tampoco es conveniente alarmarse por los desajustes que, inevitablemente, se producen en cualquier partido ganador entre el día del triunfo y el de la asunción del poder. Lo anterior viene a cuento de lo que ha sucedido con Javier Milei desde la madrugada del pasado día 20 del mes en curso, hasta hoy.

El presidente electo llega con fortalezas y debilidades; obtuvo una diferencia contundente en el balotaje, pero necesita comunicar muy malas noticias: las cosas se van a poner peor antes de que empiecen a mejorar

Javier Milei y Victoria Villarruel ya han sido proclamados presidente y vice por el Congreso. Presidió la ceremonia de confirmación la vicepresidenta en funciones, Cristina de Kirchner. Las reuniones de transición entre salientes y entrantes se producen con normalidad y cordialmente, una conducta que no contradice las divergencias políticas, pero las encuadra en el civilizado cumplimiento de la ley.

Cómo mirar la geopolítica en ausencia del ex secretario de Estado de los Estados Unidos

Finalmente se murió. Fiel a su estilo, se tomó su tiempo y esperó cumplir cien años. Un periodista dijo en su momento que era inmortal. Con el realismo que lo distinguía, tengo derecho a especular que la afirmación debe de haber arrancado una sonrisa irónica en un hombre que cuidaba hasta en los detalles las expresiones de su rostro.

A lo largo de sus cien años de vida Henry Kissinger fijó una vara tan elevada como intelectual y estadista al punto de empequeñecer a sus antecesores y sucesores en los cargos de asesor de Seguridad Nacional y secretario de Estado desempeñados durante las administraciones de los presidentes Nixon y Ford. 

“Hay ciertos entendimientos que suelen distinguirse por una insufrible locuacidad, efecto de la rapidez de percepción y apenas juzgan nada con acierto; y si alguna vez entran en el buen camino, bien pronto se apartan de él arrastrados por sus propios discursos”
-Jaime Balmes

Milei todavía no asumió en la Casa Rosada y ya quieren desalojarlo; si fuera por ciertos activistas políticos, culturales y gremiales, ni siquiera tendría que tomar posesión 

Ayer, seguramente sin darse cuenta, Estela de Carlotto resumió -en un sincericidio pocas veces expresado con tanta claridad antes- la verdad de la milanesa respecto de aquello por lo que se discute y por lo que algunos están dispuestos a quebrar la paz social y, si es necesario, derrocar a Javier Milei.

Si la transición fuera un producto de supermercado traería una electrizante alerta en blanco sobre negro: diría exceso de incertidumbre.

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