Opinión

 

El último gran teórico del peronismo, que tantos errores cometió acerca del presente, era no obstante un agudo descifrador del pasado. En cierta ocasión, dos especialistas más jóvenes que daban por descontada su anuencia repitieron en un coloquio un viejo cliché: el 17 de octubre de 1945 fue el día en que los “sectores populares tomaron la ciudad blanca”.

 

 

Pasaron las elecciones legislativas y la oposición de todos los partidos que no votaron al gobierno sumó el 68%. Es decir que sólo el 32% de la ciudadanía apoya el rumbo que políticamente el FdT* le imprime al país y que parece seguirá siendo el mismo.

 

 

“Si los cerdos pudieran votar, el hombre con el balde de comida siempre sería  
elegido, no importa cuántos cerdos hubiera sacrificado ya en el recinto de al lado”.

- Orson Scott Card

 

 

La Argentina anda mal. Y el desafío que se nos presenta hoy -no mañana- es si vamos a hacer algo para impedir este lento pero seguro naufragio.

 

 

Los resultados de las recientes elecciones afianzan la percepción de un cambio de ciclo. Sus síntomas se vienen esbozando desde hace más de una década, pero nuestra vorágine cortoplacista perturbó la perspectiva de su continuidad temporal. Los argentinos solemos concebir estas torsiones con dramatismo. No es para menos: durante las últimas décadas fueron precedidas por memorables conmociones sociales y políticas. Aquello que debería sustanciarse mediante una serena y previsible alternancia aquí se vive como una odisea.

 

 

Los guarismos están a la vista y es en vano jugar a las escondidas en su derredor. El gobierno puede simular hasta el hartazgo hallarse conforme con los resultados e -inclusive- convocar a una marcha con el propósito de dar rienda suelta a sus emociones. Sin embargo, eso no cambia en lo más mínimo los números que arrojaron las urnas, setenta y dos horas atrás.

 

 

Parece mentira, pero las especulaciones sobre el próximo turno electoral están instaladas en el sistema político. No se debaten cuestiones de fondo ni las urgencias de corto plazo, pero proliferan las distracciones con escenarios fantasiosos en los que ilusiones o expectativas personales buscan ocultar miedos y debilidades.

 

 

En un país donde el gobierno se ha autofelicitado de ser ejemplo internacional de la lucha contra el COVID (aunque ostente récords tanto de muertes como de caída de la economía, no debe sorprender que el Gobierno haya convocado a una marcha a la Plaza de Mayo para festejar la victoria electoral (que en realidad fue derrota, y una derrota de aquellas),

 

 

Los dilemas continúan y probablemente sean tan variados como impredecibles, pero de nada sirven los planteos que podamos hacer si el Presidente sigue viendo una realidad que no se condice con lo que verdaderamente ocurre

 

 

El diario español El País, que no milita en la grieta local, publicó el lunes 15 un título que revela tanto ciertas expectativas opositoras que las urnas frustraron, como la alegría oficialista por haber evitado un desastre mayor: "Una remontada electoral inesperada mantiene con vida al peronismo", puso. Evidentemente, hubo "remontada", aunque no fue suficiente para evitar la derrota.

 

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