Opinión

Que -por las razones que fueran- más de 40 % del padrón electoral de la capital de la república no se haya molestado en ir a votar, nada quita de lustre al triunfo de Manuel Adorni. El fenómeno no es producto de la perversidad populista ni de la ignorancia de las masas ni tampoco de la poca consistencia de los partidos. La explicación es mucho más sencilla, aunque disguste a los bien pensantes: cada día hay más personas hartas de los políticos, que pregonan una cosa y hacen otra, sin rendir cuentas y sin la menor vergüenza.

Aunque no parece haber tenido aún impacto electoral, un gran número de actores sociales demanda transparencia; por otro lado, parte de la ciudadanía parece hacer oídos sordos a los gritos, las groserías, los insultos

Quienes tienen más presencia territorial y/o controlan alguna instancia estatal, tienen más probabilidades de ser competitivos. Así se profundiza la tendencia de la “cancha inclinada”.

Los hermanos Javier y Karina Milei tienen razones consistentes para festejar, porque su fuerza política fue la más votada, además de darse el gusto de duplicar en cantidad de votos a los primos Mauricio y Jorge Macri, y de yapa ganarle al peronismo (nada novedoso en Capital Federal), pero como en estos comicios las encuestas lo daban ganador, los tres puntos de ventaja poseen un dulce sabor.

Una semana atrás, en vísperas de la elección porteña, señalábamos en esta página que, de las distintas incógnitas abiertas en relación con ellas, “la primera y quizás la menos obvia reside en cuánto será el interés de los ciudadanos capitalinos en esta elección”.

Abundan las exigencias sobre los países deficitarios, como Estados Unidos, y escasean sobre aquellos que acumulan grandes superávits.

Es raro que en dos días seguidos haga referencia a un mismo tema en estas columnas. Pero lo que dijo el señor Santoro luego de perder las elecciones del domingo tratando de hacer demagogia barata y de victimizarse (una marca registrada del kirchnerismo) pretendiendo trasmitir la idea de que “la sociedad ha endosado la crueldad” y de que, entonces, “como ellos son buenos y solidarios tienen que aceptar perder porque la gente es una mierda que acepta ser sometida a crueldades” es de un nivel de cinismo que, insisto, más  allá de que lo mencioné ayer, vuelvo hoy sobre el tema para ampliarlo y acercarle a este señor algunos recordatorios.

Para tener más institucionalidad hace falta cumplir con todas las deudas que el Congreso tiene con la Constitución Nacional.

El politólogo estadounidense Samuel Huntington señala en su obra “Choque de Civilizaciones” que la fe, la familia, la sangre y las creencias, suelen ser las cosas con las que se identifican los individuos y por las que siempre lucharán y morirán.

Por fin, la interna de la derecha quedó resuelta con el triunfo de Milei en territorio de los Macri.

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