Opinión

Crónica de una partida que no será total. El periodista se fue, pero deja decenas de periodistas que aprendieron con él a escribir, investigar, debatir y pelearse con el poder.

Tenía doce años, excelentes notas y una conducta intachable, y era sobre todo un chico muy educado y querido en aquel colegio mixto de Valencia. “Formado en el respeto a las niñas y la igualdad, Pedro era de los que no pasan por alto un comentario supuestamente machista, una frase hecha, un lugar común –narra Arturo Pérez-Reverte, que es un espíritu ecuánime e independiente, y es además amigo de su padre–. Valoraba al otro sexo porque había sido educado para ello por sus padres y profesores. En esa materia era puntilloso, implacable como un gendarme prusiano. Sin embargo, llegó el día fatal”.

“En la calle flota un atardecer piadoso. Todo está lleno de luz y tiempo”.
- Leila Guerriero

Para la gran mayoría de los ciudadanos argentinos que votaron a Javier Milei, “casta” es sinónimo de corrupción. Pero para Milei, hasta ahora, son casta los que están contra él y son anticasta los que están a favor de él. Así, llegamos al absurdo de que Daniel Scioli es anticasta y Victoria Villarruel es casta.

Enredado en la porfía con Nicolas Maduro y su régimen por el suboficial argentino encarcelado en Caracas, espía o no espía, Javier Milei y menos la Cancillería argentina parecen advertir otra amenazante contingencia vecinal: el próximo gobierno uruguayo del canario (nacido en Canelones) Yamandu Orsi y la exintendente de Montevideo Carolina Cosse. Tal vez no se trate de una simple transición institucional la llegada de esta coalición al poder en la que sectores de izquierda constituyen una fuerza determinante. Y nostálgica.

Javier Milei es presidente de la nación por sus singulares y controvertidas virtudes personales, pero convengamos que sus opositores hicieron todo lo posible para facilitarle el camino y transformar sus vicios en virtudes.

Hasta hace pocos años, parecía que la cuestión del poder era un tema zanjado; la democracia se imponía como el sistema más adecuado para organizar la convivencia civilizada en una sociedad y había esperanzas, que gradualmente, se difundiría por todo el mundo. Hoy hay cada vez más dudas.

En un país con instituciones sólidas -o, si se prefiere, a prueba de balas- las disputas a cara descubierta y sin solución de continuidad del jefe del Estado con la presidenta del Senado no dejarían de tener consecuencias nefastas para la marcha de la gestión gubernamental. Si además hubiese encontronazos reiterados y cada vez más agudos entre el Poder Ejecutivo y el Judicial, lo más probable es que todo terminase en una crisis institucional de novela. Pero -como es de sobra conocido- en la Argentina las instituciones son continentes sin demasiado contenido. Siempre tenidas en cuenta y enaltecidas en los discursos, han sido de tal manera despellejadas con el paso de los años que hoy semejan cáscaras vacías. 

Para un presidente que no se piensa tomar vacaciones –“Milei, el incansable”, todo detalle cuenta- es lógico esperar que los analistas tampoco se puedan distraer. Por eso es que estamos viendo mucha más política de lo que pensamos, aun teniendo en cuenta que no hay vaivenes económicos, y en todo caso son favorables.

¿Hay un “vamos por todo” libertario que reemplaza, y en algún sentido reivindica, el abortado intento cristinista de 2012/13?; ¿puede existir un proyecto hegemónico que prescinda del aparato del Estado?

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