Opinión

Entre las nuevas opciones que votan los argentinos, más allá de las consideraciones económicas, debería despreciarse a los “nuevos monstruos” (como Nicolás Márquez) que todo cambio aluvional trae consigo como el agua trae al barro, e inspirarse éticamente para la renovación y la transformación en los “nuevos héroes”, como lo es Esteban Bullrich, no por su enfermedad sino por la forma valiente, solidaria y generosa con que la ha asumido. Al que precisamente por eso atacan los nuevos monstruos.

“Se te conoce no por tu capacidad como funcionario sino por tu enfermedad, que ojalá puedas superar”, posteó en su cuenta de X el escritor Nicolás Márquez, conocido como el biógrafo del presidente Javier Milei y una de las espadas intelectuales donde abrevan los libertarios.

La penetración del concepto de utilidad que ha generado el gobierno de Javier Milei dentro de la sociedad, está causando estragos en las estrategias tradicionales de quienes no parecen haber advertido que además de buen economista es un político bastante astuto.

Ya que la dolorosa y prematura muerte de Jorge Lanata volvió a poner en la palestra de los odios cruzados al periodismo independiente y que a la vez navegamos en las borrascosas aguas de un revival noventista, quizá no resulte del todo vano evocar la gran contienda de aquella década imborrable.

“El poder para moldear el futuro de una República estará en manos del periodismo de las generaciones futuras”.   
- Joseph Pulitzer

Con Cristina aún al frente, el peronismo es el nuevo partido conservador de la Argentina, pero de una Argentina donde es poco y nada lo que se debiera conservar. Es el partido conservador de la decadencia nacional. El peronismo es hoy el Parque Jurásico de la Argentina, esa isla recreada por un (a) aprendiz de brujo donde renacen y se desarrollan dinosaurios como hace millones de años, y que siempre, con su mera existencia, están amenazando con invadir el mundo moderno.

Es difícil encontrar en la Argentina del presente siglo un fin de año más tranquilo que el que acabamos de pasar, lejos de las corridas bancarias y cambiarias, sin protestas callejeras ni piquetes montados por los llamados gerentes de la pobreza. A diferencia de otros diciembres, tampoco hubo esta vez llamados de responsables de cadenas de supermercados a intendentes o comisarios para reforzar la seguridad en sus locales por temor a saqueos.

Luego de ponerle el título a esta nota, me di cuenta de que me había equivocado. Me había equivocado fiero. Para que el título sea el correcto, hace falta introducir una palabra: “no”. ¿De qué no hablamos cuando hablamos de Malvinas?

Un cachorro humano abre por primera vez los ojos en este mundo al que es arrojado. La palabra parece fuerte pero es real. Nada ha sido decidido por él. No tiene opciones, más aún, lo conmina con una palmada, un zamarreo y un baño. Respira, chupa, traga o muere. Viene desde otro mundo donde todo le es dado, la vida. En él tuvo algunas sensaciones que cual ensayos, aprestamientos, lo vinculan de modo fundacional e irreversible con el fondo biológico cultural que le fue, es y será dado en una inacabable cadena evolutiva. 


Nuestro compromiso ha sido siempre con la defensa de los valores republicanos y con generaciones de lectores a quienes agradecemos profundamente su confianza.

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